El hombre que sería Presidente

Una mala decisión puede significar la diferencia entre la gloria y el infierno. Es lo que le está ocurriendo a Marcelo Ebrard.

Leo Zuckermann

Leo Zuckermann

Juegos de poder

La política es un juego de pocos ganadores y muchos perdedores. Una de las variables clave para pertenecer al escaso club de los vencedores es el timing. Si un político se equivoca, si no aprovecha las oportunidades en el momento adecuado, con toda probabilidad acabará en el bando de los fracasados. Una mala decisión puede significar la diferencia entre la gloria y el infierno. Es lo que le está ocurriendo a Marcelo Ebrard.

Marcelo se preparó toda su vida para ser Presidente. No escondía esta ambición, muy legítima, desde sus épocas de estudiante en El Colegio de México. Desde muy joven se vinculó con un político que también tuvo una buena oportunidad de ser Presidente en su momento: Manuel Camacho. Pero este grupo perdió porque el presidente Salinas apuntó su dedo hacia otro lado. Ebrard, entonces, tuvo que caminar varios años por el desierto. Hasta que López Obrador lo rescató. Eventualmente lo convirtió en jefe de Gobierno del Distrito Federal. Las estrellas una vez más se estaban alineando para Marcelo. Si AMLO ganaba la elección presidencial de 2006, él se convertía en el sucesor natural para el 2012.

Pero el tabasqueño perdió en 2006, lo cual complicó las perspectivas de Ebrard. López Obrador puso su mira en volver a ser candidato presidencial en 2012. Marcelo también quería. La gran pregunta era si Ebrard se enfrentaría en serio con AMLO con todos los recursos que tenía. No obstante, pactó con el tabasqueño y perdió: López Obrador le ganó en las encuestas que levantaron para ver quién sería el candidato de la izquierda. Marcelo, a un paso de llegar a ser Presidente, se quedó chiflando en la loma.

¿Por qué digo que a un paso? Tengo la impresión que la izquierda hoy gobernaría si su candidato presidencial hubiera sido Ebrard. Por su perfil, Marcelo le hubiera dado una mejor batalla a Peña Nieto. Muchos panistas y votantes independientes, al ver que Josefina Vázquez Mota no levantaba en las encuestas y no podía ganar, sí hubieran votado por Ebrard para que el PRI no regresara a Los Pinos. AMLO, en cambio, les daba miedo por lo que acabaron absteniéndose o incluso votando por Peña.

Es cierto: se trata de un análisis contra-factual basado en especulaciones (hubiera, hubiera y hubiera). Pero estoy convencido que la aduana más importante para Ebrard, a fin de convertirse en Presidente en 2012, era superar a López Obrador, no tanto a Peña. Un poco como le pasó a Obama con Hillary Clinton que fue su verdadero coco. Después de ganar unas primarias durísimas, McCain resultó ser un flan.

El hecho es que Marcelo no se atrevió a jugar en serio para pasar la primera aduana. Se quedó en el camino cuando estaba en el pináculo de su carrera política: un jefe de gobierno con muchos recursos y bien popular. Le faltaron tamaños para enfrentarse a AMLO e incluso romper con él. De esta forma, hoy, en lugar de estar en Los Pinos, se encuentra en el ostracismo e incluso en peligro de acabar en la cárcel por el escándalo de la Línea 12 del Metro.

El rudo juego de la política nos ofrece, una vez más, el triste espectáculo de un hombre que sería Presidente mendigando una diputación federal.

Mucho de las desgracias presentes del exjefe de gobierno capitalino se debe a que su sucesor sí entendió que, para seguir en el juego, hay que arriesgar y romper las ataduras con el pasado. Me refiero a Miguel Ángel Mancera. Nadie duda que le debe a Marcelo su puesto actual. Pero una vez que entró al Palacio del Ayuntamiento rompió con su antecesor: quiere ser Presidente y para eso necesita sacudirse a los otros posibles contendientes que puedan aparecer en la boleta presidencial.

López Obrador hizo lo mismo: con el fin de convertirse en el candidato presidencial de la izquierda en 2006, eliminó a Rosario Robles. Con los enormes recursos del gobierno capitalino, la sacó de la jugada de manera inmisericorde. Ebrard, sin embargo, no siguió esta ruta. A lo largo de su sexenio como jefe de Gobierno del DF, dejó vivir al tabasqueño. Y así dejó pasar su momento ideal para llegar a la Presidencia en 2012.

Mancera sí aprendió. Como López Obrador a principios de los dos mil, quiere dejar a Ebrard fuera de la jugada rumbo al 2018. Y le está funcionando. Por eso no debería extrañarnos que, en el rudo juego de la política, el hombre que sería Presidente en una de esas acabe en la cárcel.

                Twitter: @leozuckermann

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