Un bosque de luciérnagas
Encontré una comunidad muy grande de hongos viviendo en mi bosque, comí tantos como pude y en poco tiempo me comenzaron a salir esporas por la nariz, por las orejas y por los lagrimales
Llevo toda la mañana sacando un bosque de mi cuerpo para colocarme en medio de él y contemplar mi soledad entre árboles. Estoy desorientada, me siento sobre una piedra y veo lo verde apenas incipiente. La tierra se mueve como el vientre de un oso, lo hace rítmicamente y me arrulla.
Ya es de noche y apenas han nacido 100 pinos en mi bosque. Les he colocado mi nombre en dorado para que sepan que son de mi propiedad, tengo la impresión de que alguien observa mi bosque, por eso camino muy despacio tratando de memorizar todo lo que hay. Quizá después tenga que delimitar mi propiedad y sea indispensable dar cuenta con detalle de todo lo que en ella había. En mi bosque no hay animales comestibles, hecho que me inquieta porque ¿cómo podré sobrevivir?
Encontré una comunidad muy grande de hongos viviendo en mi bosque, comí tantos como pude y en poco tiempo me comenzaron a salir esporas por la nariz, por las orejas y por los lagrimales. A mi paso crecían hongos transparentes, rojos, azules y amarillos, que yo secaba, almacenaba y comía.
Ya hay muchos pinos en mi bosque y tengo que escalarlos para ver un poco el cielo, por eso me construí una casa de madera y usé como columnas pinos frondosos, conseguí muchas orquídeas y las adherí a las paredes y vi el cielo y los árboles.
El bosque se llena de luciérnagas que se adhieren a los pinos, los grillos grillan y yo soy, por unos instantes, muy feliz. Luego me sigo sintiendo muy sola, muy triste, decepcionada de lo que soy ahora a la mitad de mi vida, en medio de un bosque que nació de mí y que se expande día con día y, a pesar de la inmensidad de lo verde, yo lloro.
He caminado por mi bosque varias horas, he movido pinos de lugar y he decidido adornarlos con esferas en las que he escrito todos los nombres de lugares y personas, objetos, plantas y animales que existen.
Así, en mi bosque habrá ríos y montañas, habrá pingüinos y todas las especies de árboles y plantas, habrá casas de campo y departamentos con jardines flotantes, en mi bosque estarán todos los libros del mundo. He pensado que si logro tener el bosque más frondoso seré muy feliz.
Hoy soñé que había otro bosque dentro de mi bosque, estaba abajo de un pino especialmente chico. Lo vi porque tenía un brillo particular, los árboles, del tamaño de una cabeza de alfiler, estaban tranquilos recibiendo el viento nocturno, unas aves casi invisibles para mí, cruzaron el cielo del bosque diminuto y se escuchó un rugido.
La tierra se movió de nuevo como el vientre de un oso.
Y yo sentí una ternura que no terminó de formarse en mi interior. Así que decidí eliminar el bosque diminuto.
Con unas pequeñas pinzas para depilar arranqué miles de pinos, los puse en un plato y me los comí en pequeños montoncitos. Eran frescos y muy crujientes. Yo pensaba que al terminar de comérmelos sería feliz, pero sólo quería más arbolitos.
Descubrí, después del sueño, cientos de esos bosques miniatura y todos me los comí, pronto el bosque que había nacido de mí, sólo tenía árboles de tamaño normal y yo estaba desconsolada, mi única diversión y placer consistía en exterminar esos diminutos ecosistemas que habían dejado agujeros en la tierra, que seguía respirando como un oso descomunal.
Una niña se queda fascinada viendo las luces desordenadas de mis pinos y coloca esferas vacías en sus troncos, parecen pequeños huevos, pronto hay mucho silencio, pronto ya no hay aire para respirar. Mi bosque está inmóvil, mi bosque tiene muchísimas luciérnagas que flotan como hadas borrachas y me deslumbran.
