Sonrío dominada
Odio y amo a los hombres y a las mujeres por igual; un cisne es mi nagual y mi amante
En el vientre de mi madre escogí ser mujer. Allí experimenté todas mis posibilidades de vida y fracasé como todos. Desde mis ventanas, como rothkos de cristal, veo el movimiento del sol, la luna, las nubes, las estrellas y los árboles que delata la existencia del viento. Toco pantallas de cristal que me presentan cada día un nuevo lugar. Me desnudo en las noches frente al cielo para mantenerme eternamente joven. Un hombre diferente y hermoso me hace el amor cada noche. Soy una mujer que ha atravesado milenios. He sido testigo de las guerras y los momentos felices de un mundo que se ha descubierto como materia pensante. Fui esposa de un rey y mujer de un Dios. Mi nombre es Leda y un cisne es mi nagual y mi amante. Salté de un cuerpo a otro de los míos en mis viajes en el tiempo y el espacio: conocí todas mis posibilidades. Y, hoy, sólo veo la vida a través de un cristal templado, habito mi jaula: terminé dominada como una dulce criaturita. Sonrío.
En mis saltos, a través del tiempo y el espacio, vi brotar de la tierra máquinas, extensiones que algunos ilusos creen que piensan. Descubrí que el lenguaje es el verdugo y los cuerpos la interfaz para el control. El asunto aquí es cómo matar a la bestia. No puede estar oculta en todos, es alguien. Siempre sospechamos. Hay que domesticar a la alimaña, quitarles a los hombres y a las mujeres los impulsos bélicos. Blanquear lo oscuro: lo podrido. Hay que cauterizar, desinfectar, jerarquizar para controlar: ésa es la naturaleza humana. Los feminismos hicieron de las ciudades sus museos y desde ese lugar operan, las mujeres en las calles demuestran el triunfo del mecanismo. Y entonces ya no se produce nada más que el asombro de un espectáculo multimedia que toma la ciudad, que pinta, que aúlla; ésa es la catarsis. Fin del grito de auxilio.
Bórrenme de la lista de las mujeres que se agrupan. He llorado y gritado a lo largo de milenios muy bien yo sola. ¿La destrucción de los objetos de lo “real” es el síntoma o la causa? Yo quiero ser un objeto y pertenecerle a alguien, convertirme en una cosa me hace feliz, porque pienso en la inmovilidad hermosa de lo inerte. Envidio a la piedra por su mayor resistencia al tiempo, quiero, como la piedra, dejar de sentir.
Supe que no había diferencia entre niños y niñas durante mis primeros juegos sexuales con mis hermanos, yo los dominaba y ellos lo disfrutaban. Es posible que en ese momento definiera mi gusto por los hombres y mi deseo insaciable por los cisnes: las aves flotaban en el lago mientras mis hermanos me lamían. Recuerdo cómo Tindáreo, mi marido, me hizo el amor después de Zeus y me lamió las heridas, además del sexo enrojecido. Pienso en los genitales de mis hermanos, soñé con ellos como bulbos con ríos subterráneos. Lo que disfrutaba era usar su boca para mi placer. Uno de ellos era muy amable y el otro era violen- to. El violento me despertaba con unos golpes repentinos y despanzurraba con una navaja varios de mis juguetes. Mi nana me los cocía y estaban todos llenos de cicatrices de hilos en cruz. Yo acariciaba, extasiada, los surcos sin sangre.
He pensado en otros cuerpos y no me reconozco en ninguno. Soy absolutamente incapaz de ver al otro. Odio y amo a los hombres y a las mujeres por igual. Odio y amo a todo lo vivo. Pienso en diseccionar mi cuerpo, así, quizá, entienda qué hay dentro de él y me expongan en un centro comercial abierta como una boca huesuda, encarnada y putrefacta. Pienso en el sonido de moscas de la carne en flor, ante la mirada de los paseantes comiendo un helado.
“Mañana se abre la orquídea morada”, escucho una voz que dice. Luego pienso que primero es un capuchoncito como un pene, muy frágil y hueco, ya después será un hermoso sexo femenino y todos podremos llorar sal, semen y sangre sobre sus pétalos, que son los labios y la piel del universo. Olvidé que en el futuro las mujeres seremos otras y cierro mi jaula de cristal templado para esperar a mi amante.
