La inundación de luz
Alguien toca a la puerta tres veces, ¿por qué alguien me tocaría la puerta en plena inundación lumínica?, camino hacia el sonido, abro la puerta...
La luz me golpea la cara y me enceguece, me tapo los ojos con una mano; y con la otra camino a tientas por mi cuarto, salgo al pasillo, la luz se filtra entre los libros, rebota en los espejos. La temperatura ha comenzado a aumentar, sudo, me seco con una toalla, la luz es más cremosa, veo cómo comienza a subir la neblina, me vuelvo a tapar los ojos ahora uso una media, incluso con la venda todo es luz, siento un hormigueo en el cuerpo, no sé si salir del departamento o sentarme a esperar, pero ¿a esperar qué?
Alguien toca a la puerta tres veces, ¿por qué alguien me tocaría la puerta en plena inundación lumínica?, camino hacia el sonido, abro la puerta, entra más neblina como en una ráfaga de nieve, pienso que esas nubes son como algodones malditos; entra alguien, lo sé por su respiración, me jala de la mano sudorosa, me arrastra por los escalones del edificio, inundados de luz, a mí me duelen los ojos y también el cuerpo, no quiero salir a la calle, no quiero quemarme, no puedo con tanta luminosidad, estoy empapada de sudor, tengo miedo.
En estas condiciones no creo aguantar caminando mucho tiempo, pronto caeré, me lastimaré cuando lo haga, no se puede ver nada ya ni siquiera con las manos. El aire es más denso, quien me arrastró a la calle respira a mi alrededor, no sé si está atrás de mí o enfrente, o si flota sobre mi cabeza. Escucho su respiración, que va después de la mía, siempre después, y sus pasos que crujen con la hierba seca, ahora siento su aliento en el oído. ¿Quién eres?, grito. La cosa me acaricia.
¿Qué pasaría si me tirara al suelo y me negara a avanzar?, quizá después pueda refugiarme en un lugar cerrado, en el que no haya tanta luz, esta inundación lumínica ya es casi roja, me arde la piel, me sangra, me rasco y unos pedazos de carne me quedan en las uñas. Tengo sueño, los párpados se me cierran, yo quiero mantenerme despierta. Pienso que, si cedo ante el sueño, ya no despertaré.
Me pellizco los brazos, me jalo el pelo; tengo sed. La luz sobre la que camino está vacía, giro sobre ella como sobre el agua, soy como una hoja, soy como una pluma y caigo lentamente sobre lo luminoso que es espeso y reboto, la luz me impulsa hacia arriba, vuelo y giro en el aire como una marioneta, y la luz es una liga que se enreda entre mis brazos y me eleva, en la luz soy ligera y siento cómo me desmorono.
Todo deja de ser rojizo y es de nuevo blanco, más bien es plateado como el mercurio, y comienzo a hundirme en el líquido de luz y espeso como en un pantano, grito y pido ayuda, pero no hay nadie. No quiero morir respirando luz, quiero rebotar como hace unos instantes. Y quien me sacó de mi casa grita fuerte como un pájaro, toma mi rostro y me asfixia en la luz espesa. Y yo sé muy bien por qué lo hace y recuerdo muy bien quién es.
