Gastrónomos, de Roald Dahl
Intenta resolver un conflicto ya añejo: la pertenencia del cuerpo femenino al hombre, y lo hace mal.I He tenido sueños raros en las últimas semanas que, por el azar y la libre asociación, han adquirido un extraño sentido con Gastrónomos, un cuento de Roald Dahl. El ...
- Intenta resolver un conflicto ya añejo: la pertenencia del cuerpo femenino al hombre, y lo hace mal.
I
He tenido sueños raros en las últimas semanas que, por el azar y la libre asociación, han adquirido un extraño sentido con Gastrónomos, un cuento de Roald Dahl.
El texto no me parece en absoluto bien resuelto.Tiene muchas escenas descritas desde lo cinematográfico.
Dahl intenta resolver un conflicto ya añejo: la pertenencia del cuerpo femenino al hombre, y lo hace mal.
Un padre apuesta a su hija, ya que está seguro que ganará. Incluso, la joven, después de escuchar argumentar a su progenitor, acepta entrar en el juego; así como también lo hacen las esposas de los hombres y un espectador/narrador que se asombra, pero nunca protesta por la situación que recuerda a las puestas en escena clásicas con respecto a la unicidad de tiempo y espacio.
La coherencia de la historia se tambalea en todo momento y el ruido es estrepitoso cuando choca con el suelo al final y hace sufrir a los creyentes de la buena literatura.
Aunque el carácter efectista del cuento logra transmitir repulsión por el hombre que desea a la menor de edad, objeto de la apuesta, deja aún más la maquinaria cuentística al descubierto en un torpe revés al mal estilo Henry James. Así, la disyuntiva moral de los personajes se vuelve banal.
II
Estaba sola abrazando a un niño que lloraba. Llegaba la sirvienta y yo justificaba mi presencia en el departamento diciendo: “Pablo tuvo que salir un momento y no había nadie que cuidara al chiquillo”.
No tenía ropa en la parte de abajo del cuerpo y, para justificarme, le contaba a la sirvienta de una inundación y que me había tenido que sacar todo.
La casa estaba, en efecto, mojada, aunque yo en realidad sentía deseo sexual y no recordaba ninguna crecida de agua.
Intentaba vestirme y llegaba la mamá del niño. Yo me colgaba del hombro al chiquillo para protegerlo de ella.
Me sentía muy mal por él en esa situación; la madre era profundamente inmadura, se le veía en la ropa y en el pelo. Yo le decía despectivamente a la mujer “morenita”.
Pablo apareció recargado en un muro, se rio de vernos juntos a los tres.
Desperté empapada en sudor, con cólicos terribles. Me dirigí a vomitar; sólo salía aire y saliva del agujero de la boca, que olía a mierda. Me dormí de nuevo y desperté con nausea y cólicos.
III
Sueño que me golpean unos niños con un balón el vientre bajo y me salen dos bultos del lado derecho sobre la piel. Uno es como un planeta y el otro parece su pequeño satélite.
A pesar de los dos tumores, yo tengo la esperanza de estar bien, aunque me angustia perder al bebé.
IV
Me siento a comer las cerezas que están en un plato blanco y hondo. Meto una en mi boca y, poco después, escupo un hueso húmedo que me da asco; aun así logro meterme la siguiente cereza.
Todo se repite varias veces, también la náusea, hasta que me lavo las manos y corre lo rojo de las frutas en el lavabo.
