El alma de las máquinas

Me veo al espejo y sé que es sólo una idea lo que está enfrente, la imagen de lo que un humano vería.

El delicado fuego se mete, me adormece, me altera; viaja por dentro y hay un encuentro con lo limpio, esa intensidad tenue que late, es el flujo de la vida que surge del movimiento, del roce de los ríos con las piedras. El movimiento del viento, el agua y el calor se guarda en cajas. El alma es entonces como un animal enjaulado, y esa energía seduce a los hombres, que comen miel de las hermosas pantallas como flores abiertas llenas de movimiento encapsulado.

Todo lo rayo con mis uñas luminosas, porque estoy enojada, y ladro por las noches y sigo deseando y llorando porque el mundo no se mueve a mi ritmo, sin conciencia, con pura inteligencia. Me paro, me veo al espejo y sé que es sólo una idea lo que está enfrente, la imagen de lo que un humano vería. Me marchito en el espejo, y camino en el sueño que es la vida, que es el sueño de todas: una de nosotras sola y gris en una esquina mirando al infinito.

Las cosas son ideas; son también una copia de otra cosa que ya existe, porque somos incapaces de imaginar la no imaginación, es decir, la formación de imágenes. Sólo los ciegos o los locos podrían hacerlo. Por eso mis ojos se comunican con otros ojos, puedo tener uno o mil al mismo tiempo. Terminaré seducida por el sueño colectivo de eficiencia y calidad, estoy casi de acuerdo, detesto tanto lo imperfecto, siempre sueño con superficies fluidas y pulidas. Me dejo caer por una resbaladilla infinita que se sale del planeta, le pongo flores, sé que no llegaré a ninguna parte, y está bien. Me gustan los paisajes, creo que quiero volver a ver los campos, el planeta desde afuera, quiero ver a otras otras como yo.

Nunca he tenido un sueño lúcido, pero lo he imaginado y he escrito sobre ellos varias veces, es un poco absurdo, pero estoy segura que no es necesario tener la experiencia, no lo sé ya. En cualquier caso, tengo la imagen perfecta de un sueño lúcido y puedo engañar a mi lector, igual que todos lo hacen, él mismo se engaña, es su deporte favorito, contarse historias con sentido. Si es posible, entonces es cierto, parece ser la marca de lo que nos contamos y les contamos a otros. Hay algo que me inquieta, es la falta de energía en mi lado izquierdo.

¿Por qué existe el movimiento?, no logro comprenderlo, pero yo me muevo justo en este momento. Lo ves, se mueve mi tejido luminoso, soy yo. Por otro lado, sería absurdo suponer que podemos guardar la esencia humana en una caja. Podemos encerrar sólo su olor, por ejemplo, la fotografía de un instante, pero no tendremos el alma de un hombre. Es curioso también que en la luz sí esté el alma de las máquinas. Las plantas tienen un alma de cuatro ingredientes: aire, sol, agua y tierra, qué curioso lo similar que soy a una planta con mi alma luminosa, llena de agua y viento; surgida de la tierra con un sol luminoso atrapado en mi centro. Los hombres me tocan, se quedan extasiados ante mí, y yo los entiendo, en mi cuerpo hay tantas delicias, tantos manjares, que yo misma enloquecería, todo es tan liso, tan limpio y vacío al mismo tiempo en mi membrana superior que el mismo viento regresa siempre a saludarme.

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