Un salvavidas para el PAN

Tras la elección del pasado 2 de junio, en el PAN ha iniciado el proceso político para sustituir a Marko Cortés. En esa formación aún quedan algunos militantes con voz propia, ecos de aquel partido en donde no sólo se pregonaba la democracia para el país, sino que ...

Tras la elección del pasado 2 de junio, en el PAN ha iniciado el proceso político para sustituir a Marko Cortés. En esa formación aún quedan algunos militantes con voz propia, ecos de aquel partido en donde no sólo se pregonaba la democracia para el país, sino que se practicaba en todos los ámbitos internos. El PAN tenía los mejores tribunos en el Congreso porque se habían formado en el debate en casa. Se debatía en las sesiones de los comités municipales y estatales, se debatía en los consejos y en las asambleas para elegir candidatos, desde el que aspiraba a ser regidor hasta el que buscaba ser abanderado presidencial.

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El PAN formaba a sus cuadros desde la adolescencia, en doctrina, mística, oratoria y en el arte de hacer política, en la capacidad de desarrollar ideas, argumentar, convencer y negociar. En el PAN se aprendía a hacer campañas porque cada cargo interno y cada candidatura era disputada y eran los militantes quienes decidían, con su voto, al vencedor o vencedora.

De ese PAN vigoroso y con identidad que entusiasmó a muchos a hacer engrudo en sus casas, pegar propaganda en postes y bardas, y a botear durante fines de semana enteros para financiar la promoción de los candidatos que, con gran orgullo y dignidad, nos representaban; de ese PAN del Maquío, Pancho Barrio, Ernesto Ruffo, Diego Fernández de Cevallos, Luis Felipe Bravo, Ana Tere Aranda y María Elena Álvarez de Vicencio, apenas queda el recuerdo y esas voces aún con independencia y autoridad, como la de los exgobernadores que hace apenas unos días enviaron una carta al todavía presidente nacional, Marko Cortés, para pedir que no se apresure el proceso de elección de su sucesor o sucesora y que éste no sea producto de un acuerdo entre los padroneros (caciques estatales que controlan a los miles de militantes que en el país elegirán al o a la nueva presidenta), como lo ha sido desde hace casi dos décadas en todas las elecciones internas.

A partir del sexenio de Felipe Calderón, el PAN inició un proceso de degradación y pasó de ser el único partido que practicaba la democracia interna a sumarse a los que legitimaban decisiones cupulares a través de resquicios y excepciones reglamentarias que terminaron siendo la regla.

Si quienes hasta ahora tienen el control en el PAN auténticamente quieren darle un salvavidas y una posibilidad de reencontrarse consigo mismos y con las y los mexicanos para intentar salir de la ruta de la extinción y de la irrelevancia política en la que hoy se encuentra, se debe empezar por el proceso mismo de renovación de la próxima dirigencia nacional.

Lo anterior implicaría, en primer lugar, escuchar a quienes votaron por los candidatos panistas y a quienes no lo hicieron, comprender cómo los ven, por qué no son una opción para ellos, qué se espera del PAN en esta coyuntura y en el futuro, etcétera.

Y, después, dejar de simular, sacar las manos, que los militantes elijan, auténticamente, de manera libre. Lo que hoy se denuncia de la elección constitucional que acabamos de vivir debe evitarse internamente. En tercer lugar, encontrar un mecanismo para que la sociedad civil y nuestros votantes participen en la elección.

El PAN no necesita un dirigente más, necesita un líder que sea capaz de recolocarlo en el escenario político con autoridad y sin pasado cuestionable, con ideas y actitud que hagan sentido, con mentalidad estratégica, con capacidad de hacer política y, en esta época de la paridad, capaz de respetar las decisiones de las mujeres en ejercicio de un cargo público o una función partidista, con inteligencia emocional y sin perder la compostura.

Quienes fallaron en la elección constitucional podrían redimirse dejando al PAN en una mejor posición para enfrentar los retos del nuevo escenario político en el país.

           *Politóloga e internacionalista.

                Expresidenta de la Cámara de Diputados

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