Ingreso vital

La emergencia sanitaria por la pandemia de covid19 requiere una respuesta extraordinaria, rápida y contundente, no sólo en el ámbito sanitario sino también en el económico. Las medidas de distanciamiento social han generado una enorme disminución de la actividad ...

La emergencia sanitaria por la pandemia de covid-19 requiere una respuesta extraordinaria, rápida y contundente, no sólo en el ámbito sanitario sino también en el económico. Las medidas de distanciamiento social han generado una enorme disminución de la actividad productiva, la reducción de la inversión privada y de las remesas, así como la contracción del consumo que perdurará durante varios meses más después de la reactivación económica.

Entre marzo y abril, el IMSS reportó la pérdida de 685 mil 840 empleos, solamente en el sector formal, y el cierre de cuatro mil 285 empresas, una caída del ingreso per cápita que, sumando a quienes han perdido sus ingresos en el sector informal, no tiene precedentes. Por su parte, el Coneval ha estimado que la pobreza por ingresos incrementará en entre seis y 10 millones de personas en 2020.

Por eso, algunos gobiernos como el de la Ciudad de México o Yucatán están otorgando apoyos temporales a un número limitado de personas que hayan perdido sus empleos, sin embargo, en la mayor parte del territorio nacional, quienes están perdiendo sus ingresos, están desamparados.

Los gobiernos federal, estatales y municipales están haciendo esfuerzos para detener la pérdida de empleos y mitigar los efectos de éste, pero hay que reconocer que se necesita hacer más.

En complemento a las medidas económicas para apoyar a las empresas en la retención de su fuerza laboral en todo el mundo, las transferencias monetarias directas han sido la medida de respuesta más común, fácil de implementar y efectiva ante la emergencia, especialmente en países como el nuestro, que no cuentan con un sistema de seguridad social que, por sí solo, garantice a las personas un nivel mínimo de ingreso y salud.

En América Latina varios países han impulsado ingresos extraordinarios: Ingreso familiar de emergencia en Argentina; Seguro de desempleo temporal en Belice; Transferencia monetaria de emergencia en Brasil; Transferencia monetaria para el sector informal en Chile; Ingreso solidario en Colombia; Transferencias monetarias de emergencia en Costa Rica; Transferencias para trabajadores informales en Ecuador; y una Transferencia única para hogares pobres en Ecuador.

Asimismo, la Cepal presentó esta semana su informe El Desafío Social en Tiempos del covid-19, en el que explica que “para enfrentar los impactos socioeconómicos de la crisis, la organización propone que los gobiernos garanticen transferencias monetarias temporales para satisfacer necesidades básicas y sostener el consumo de los hogares, lo que será crucial para lograr una reactivación sólida y relativamente rápida”.

Para estimar el costo de estas transferencias monetarias, la Cepal propone que su duración sea de entre tres meses y un año, éstas serían para cada persona y por un equivalente a una línea de pobreza extrema que representa el costo de una canasta básica de alimentos, o a una línea de pobreza, que permite cubrir también otras necesidades básicas.

En ese mismo sentido, un grupo de más de 120 legisladoras y legisladores de seis grupos parlamentarios, con el acompañamiento del movimiento Nosotrxs, que agrupa a reconocidos académicos y activistas, estamos impulsando, a través de un exhorto que esperamos que la Comisión Permanente del Congreso apruebe, que el gobierno federal entregue un apoyo de 3 mil 746 pesos, por un mínimo de tres meses, a todas las personas que lo requieran. El otorgamiento de este ingreso vital es urgente y de elemental humanidad.

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