El derecho a la movilidad y las plataformas digitales

La movilidad no es un lujo, es un derecho. Todos necesitamos transportarnos y merecemos hacerlo de forma accesible, eficiente y segura, además de otras condiciones establecidas en la ley. Este tema, junto con el del agua, la energía, la seguridad, el manejo de residuos y ...

La movilidad no es un lujo, es un derecho. Todos necesitamos transportarnos y merecemos hacerlo de forma accesible, eficiente y segura, además de otras condiciones establecidas en la ley. Este tema, junto con el del agua, la energía, la seguridad, el manejo de residuos y la sustentabilidad conforman una agenda de enormes retos que los gobiernos hoy en día deben resolver con urgencia, pero, a menudo, tanto la sociedad como la empresa van un paso adelante. 

 Así, hace años llegó el internet y el correo electrónico, llegaron las herramientas que nos permiten comunicarnos con personas en tiempo real a miles de kilómetros de distancia; llegaron las compras en línea y las plataformas de entretenimiento; el gobierno digital para realizar trámites o pagar impuestos, y otro sinnúmero de aplicaciones digitales que nos permiten acceder a bienes y servicios: ya sea comida, alguien que cuide de nuestra mascota o un medio de transporte rápido, seguro y en el que nos podemos sentir seguros. 

 El mundo digital nos alcanzó y, como todo hecho nuevo, es necesario regularlo, incorporarlo al marco legal para que pueda integrarse al resto de sujetos obligados por la ley y cumplir con las obligaciones y gozar de los derechos que le correspondan. Hace no mucho, las plataformas digitales de entretenimiento fueron reguladas en cuanto al pago de impuestos, ahora toca regular a las de transporte privado, ya que, al no estar contempladas en la ley, su funcionamiento ha estado regido por el criterio de funcionarios, muchas veces presionados por los grupos de taxistas que, habiendo gozado de años de exclusividad, han podido organizarse y establecer sólidos mecanismos de interacción con los gobiernos. 

 Hace apenas unos días, el anuncio de prohibición de operación de los socios conductores de las plataformas digitales de transporte en el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México recordó la necesidad de legislar sobre este tema. En cada aeropuerto del país se opera de manera distinta, en muchos les es permitido dejar pasajeros, pero no subirlos, en otros, nada. La realidad es que, ante los altos precios de los taxistas de base o ante la insuficiente oferta en ciertos horarios, muchos usuarios se las ingenian para tomar el auto de un socio conductor fingiendo que es un amigo o familiar e, incluso, prefieren salir con todo y maletas del aeropuerto para poderlo hacer. La realidad está ahí y de nada sirve seguir evadiendo el tema. 

No se trata de perjudicar a quienes llevan años ganándose la vida como taxistas, sino de reconocer a los otros miles de personas que, como socios conductores, también han encontrado en las plataformas digitales una forma de sustento para su familia, y de establecer los mecanismos que les permitan complementarse y no excluirse. También se trata de garantizar el derecho de las y los usuarios de contar con la mayor cantidad de opciones posibles para decidir la que mejor nos convenga. 

 Esperamos que pronto las y los legisladores federales se pongan a la tarea de incorporar la figura de las plataformas digitales de transporte privado en la ley a fin de establecer su funcionamiento en armonía con las otras opciones de transporte y siempre en beneficio de las y los usuarios.  

*Politóloga e internacionalista. 

Expresidenta de la Cámara de Diputados 

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