Eddie Reynolds

Por Salvador Franco Reyes Resulta un ejercicio terriblemente complejo escribir acerca de una película cuyo director conoces desde que escribía en las páginas de la revista Cine Premiere, y cuya carrera has seguido hasta su consolidación como realizador mexicano. Me ...

Por Salvador Franco Reyes

Resulta un ejercicio terriblemente complejo escribir acerca de una película cuyo director conoces desde que escribía en las páginas de la revista Cine Premiere, y cuya carrera has seguido hasta su consolidación como realizador mexicano.

Me refiero a Eddie Reynolds y los Ángeles de acero, el segundo largometraje de Gustavo Moheno, protagonizado por Damián Alcázar, Arturo Ríos, Jorge Zárate, Álvaro Guerrero y la odiosamente divertida Vico Escorcia.

Lo primero que me sorprendió del proyecto es que Gustavo decidiera cambiar tan radicalmente de género cinematográfico.

Todos los que hemos convivido con él sabemos de su desbordada afición por el terror y el suspenso (el mejor ejemplo es su ópera prima Hasta el viento tiene miedo, 2007), por lo que rodar una comedia sonaba a un desafío más que arriesgado.

Y en efecto lo fue. La película, estrenada en el Festival de Morelia de hace casi dos años, no cumple la promesa de convertirse en una comedia delirante y desbordada que plantea en la primera secuencia.

En ella, el personaje de Eddie (Damián Alcázar) es interrumpido en medio de una desaforada interpretación de El vena’o para ser informado de que Bono, de U2, quiere comprarle los derechos del tema Cheve en la fiesta y hacer su propia versión “a la irlandesa”.

La noticia cambiará por completo la vida del vocalista, así como del resto de los integrantes de la extinta banda de rock que se trendrá que “reencontrar” para firmar el jugoso contrato con la disquera.

Lamentablemente la inexperiencia del director en el terreno de la comedia queda evidenciada de inmediato, dejándose arrastrar por el álbur simplón y barato en lugar de construir risas a partir de situaciones inteligentes y creativas en las que pudiera meter a originales personajes.

Además de lo que los gringos llaman falta de timing o ritmo, Eddie Reynolds adolece de diálogos lo suficientemente surrealistas e hilarantes como para provocar la sorpresa en el espectador, y de ahí la risa.

Finalmente quiero decir que a la producción retratada por el director de fotografía Alejandro Cantú (quien sorpresivamente eligió junto con la directora de arte un color verdoso que hace parecer que muchas de sus tomas están mal expuestas), le falta presupuesto. Y se nota. Se nota en el audio, se nota en la producción y lamentablemente, lo digo de corazón, se nota en el resultado final.

DIRIGE

  • Gustavo Moheno

ACTÚAN

  • Luis Alberti
  • Damián Alcázar
  • Alfonso Bravo
  • Lucía Carreras

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