Memorias de Manhattan

Por Adrián Ruiz Villanueva Su peso en la cinematografía mundial es indeleble. Morgan Freeman ha encarnado una gran variedad de personajes, que van desde el cochero servicial de El chofer y la señora Daisy, el hombre con un gran código de amistad en Sueños de figa, el ...

Por Adrián Ruiz Villanueva

Su peso en la cinematografía mundial es indeleble. Morgan Freeman ha encarnado una gran variedad de personajes, que van desde el cochero servicial de El chofer y la señora Daisy, el hombre con un gran código de amistad en Sueños de figa, el proxeneta de El reportero de la calle 42, así como el entrenador con un ojo perdido en Golpes del destino, por citar algunos. En la otra cara de la moneda hallamos a Diane Keaton, actriz reconocida por Annie Hall: Dos extraños amantes, en la que encarnó a la mujer neoyorquina de extraño vestir con la frase “La-di-da, la-di-da, la la”,  la fémina inquieta que luchaba por su emancipación y por triunfar como escritora de Rojos, la tía que lucha contra el cáncer y debe cuidar a su papá en La sangre que nos une, y en Alguien tiene que ceder recordamos a la escritora divorciada sin temor a desnudarse, a sus entonces casi 60 años. Todos papeles memorables, entrañables por parte de ambos.

Lo antes citado funge como cuadro para subrayar la importancia de ambos y, sobre todo, de su trabajo. Ahora en su faceta de productor ejecutivo, y también como actor, decide emprender una cinta en la que funge como pareja de Diane Keaton. En la trama se nos presenta como un matrimonio que ha compartido todo momento de dicha y sufrimiento a lo largo de 40 años, sin embargo, ha llegado el momento de vender el apartamento en el que han cohabitado y compartido un sinfín de momentos.  

La química y el entendimiento entre ambos es notorio, la gracia y las tablas se perciben en cada toma, ellos son la razón primordial por la que la cinta funciona, sus discusiones, su entendimiento y la naturalidad de una relación fluye gracias a este par. A lo largo de

flashbacks vamos conociendo por qué esta pareja es lo que es, cómo se conocieron, qué significan esos objetos, en los cuales uno como espectador es un invitado al open house de este apartamento en venta, del cual para los demás es visto como un simple apartamento, para ellos, aún más para el personaje de Freeman, es toda una vida y lo que ésta engloba.

Uno de los “peros” que posee el filme es que el guión, basado en el escrito canadiense Heroic measures, no es del todo habilidoso y rotundo, hay algunas inconsistencias y algunas metáforas metidas por calzador, por ejemplo, el incidente que se suscita en el puente que subraya la paranoia americana, así como el precio en la Bolsa de los inmuebles, resta fluidez a la premisa, aún más la reflexión que hace el personaje de Freeman se siente un tanto forzada. Tampoco queda del todo claro el porqué de la venta, se entiende que es la falta de ascensor y el inminente envejecimiento, pero ¿eso es todo? Cynthia Nixon, conocida por la serie Sex and the City, funge como la cereza en el pastel como la sobrina experta en los bienes raíces. Las miradas a Brooklyn y Manhattan en forma rutinaria funcionan, incluso homenajean en tomas a la cinta de Woody Allen, como se percibe en la banca. Grosso modo presenta dos leyendas vivas en una cinta óptima acerca del contrato más duro que hay en esta vida: el amor en las buenas y en las malas.

DIRIGE

  • Richard Loncraine

ACTÚAN

  • Diane Keaton.
  • Morgan Freeman.
  • Cynthia Nixon.

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