Cincuenta sombras de Grey
Por Lucero Calderón Aunque sé que existen millones de mujeres a nivel mundial que sintieron cierta fascinación por la trilogía de Cincuenta sombras de Grey, creo que hay textos superiores que provocan más que lo que plantea aquí la autora E.L. James. Se me vienen a la ...
Por Lucero Calderón
Aunque sé que existen millones de mujeres a nivel mundial que sintieron cierta fascinación por la trilogía de Cincuenta sombras de Grey, creo que hay textos superiores que provocan más que lo que plantea aquí la autora E.L. James. Se me vienen a la mente los diferentes textos del francés Donatien Alphonse François de Sade, mejor conocido como El marqués de Sade o qué decir de El Decamerón, del italiano Giovanni Boccaccio, textos que tienen más ingenio y provocan más a la imaginación que lo planteado en esta película.
Recuerdo que Ignacio Trejo Fuentes, uno de mi exprofesores en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM, nos decía que la literatura erótica se lee con una sola mano y, desde mi punto de vista, Cincuenta sombras de Grey no provoca lo que otros textos del mismo género sí.
Si hablamos de la adaptación cinematográfica, el espectador se topa con pared al encontrar un texto soso, inverosímil, plagado de clichés que nos redireccionan a una típica historia de amor.
Al principio la película arranca bien y uno decide darle el beneficio de la duda; no obstante, conforme avanzan los minutos y uno es testigo de una serie de hechos que no tienen validez alguna en pleno siglo XXI, como es el hecho de que Anastasia Steele, papel interpretado por Dakota Johnson, le confiesa a Christian Grey, encarnado por Jamie Dornan, que a su edad jamás ha intimado con alguien siendo una universitaria. No pongo en tela de juicio que existan mujeres que piensen conservar su virginidad y respeto las decisiones que cada uno tome en su vida, sin embargo, me resulta nada creíble ese hecho en una chica estadunidense que tiene una cosmovisión sumamente diferente y más libre en cuanto a su sexualidad, si se compara con la cultura y educación que podría tener una mujer latinoamericana.
Los minutos siguen transcurriendo y nos encontramos con más hechos absurdos, ideas meramente aspiracionales y escenas sexuales que no logran provocar, estimular o satisfacer la imaginación. De las cientos de líneas que se dedican en los libros de Cincuenta sombras de Grey a escenas meramente sexuales y sadomasoquistas, el filme sólo condensa 11 minutos de secuencias aburridas en las que supuestamente hay pasión, perversión y dolor.
Algo que me molestó un poco es que a la actriz protagonista, hija de la también intérprete Melanie Griffith, la desnudan completamente en la cinta, mientras que jamás hicieron un desnudo integral del actor irlandés. Esto me pareció un poco sexista, pues me puse a pensar por qué siempre se tiene que poner a la mujer como carnada para vender y al hombre se le trata de proteger. ¿A poco los hombres no se desnudan completamente en su intimidad?, ¿acaso sólo las mujeres nos quitamos la ropa?
Sin seguir gastando líneas en esta película, creo que lo único rescatable es el soundtrack que se aprecia a lo largo de la película, pues todo lo demás y, desde mi punto de vista, es mera literatura barata con la que buscan consolarse los que no pueden ser libres en la cama.
Dirige:
- Sam Taylor-Johnson.
Actúan:
- Dakota Johnson.
- Jamie Dornan.
- Jennifer Ehle,
- Eloise Mumford,
