Perdida

Por: Alonso Díaz de la Vega David Fincher encuentra en la mayoría de sus personajes la caída de la humanidad, ya sea en la tentación de la venganza en Seven: siete pecados capitales 1995, la intemperancia y el delirio de la purga social en El club de la pelea 1999 o la ...

Por: Alonso Díaz de la Vega

David Fincher encuentra en la mayoría de sus personajes la caída de la humanidad, ya sea en la tentación de la venganza en Seven: siete pecados capitales (1995), la intemperancia y el delirio de la purga social en El club de la pelea (1999) o la incapacidad de extraer el mal del mundo en Zodiaco (2007). Sus protagonistas son una suma de la especie en su pugna con el absurdo de los ideales.

Para Fincher, como para Albert Camus, el alcance de los valores absolutos es una búsqueda de lo inasible, pero mientras para el filósofo francés ese es el camino a la felicidad, para el pesimista director estadunidense esto representa la raíz de la desesperación. En Perdida (2014), más a causa del instinto de novelista de aeropuerto de la guionista Gillian Flynn, también autora del libro en que se basa el filme, la trama deviene rápidamente en una catástrofe inverosímil, demasiado intricada y contradictoria. Lo que comienza como la tragedia de un mal marido culmina como la culpa de una esposa sicópata. La dialéctica de la justificación se resume en que él es malo, pero ella es peor.

Esto, sin embargo, no limita las perturbadoras verdades que Fincher encuentra en el matrimonio disfuncional de Nick (Ben Affleck) y Amy Dunne (Rosamund Pike). Fundada en la idealización del otro, donde éste deja de ser él o ella para convertirse en mi idea de él o ella, la pareja se desmorona conforme se descubren el uno al otro como lo que nunca habían visto: personas reales, no invenciones románticas.

La seducción, nos muestra Fincher, es una ilusión excitante, pero, a final de cuentas, una mentira. No es tanto la incapacidad de amar la que afecta al director, sino la miopía ante la realidad; la construcción de personajes en la piedra en bruto que son los extraños. La sociedad, con sus programas de realidad y sus afirmaciones insustanciales, replica los errores de la pareja, incapaz de mirar con honestidad y compasión a ese que es otro.

La trama, por otro lado, con su emocionante escalada, es, aunque envolvente, pobre y limitante para las ideas, lo cual hunde consigo los descubrimientos de Fincher. La perversión y el desprecio que ponen a los esposos en un intercambio de venganzas trascienden de lo común, de la crítica a la institución matrimonial, a la extraordinaria sicopatía que deja de hablar por la humanidad para centrarse en dos individuos enfermos. El resto de las obras de Fincher jamás se ha alejado de lo extraordinario, pero mientras la normalidad solía hacer de sus protagonistas universales, la muy personal locura de los protagonistas de Perdida no culmina en la farsa posmoderna de El club de la pelea o en el asombro ante la maldad de Zodiaco, aunque su conclusión evoca el silencioso ostracismo de La red social (2010). Gillian Flynn se encarga de restarle significación a la historia o de hacer la acusación más irracional al feminismo. La exageración se come las ideas en nombre de la diversión.

Dirige:

  • David Fincher.

Actúan:

  • Rosamund Pike
  • Ben Affleck
  • Neil Patrick Harris

@diazdelavega1

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