Un ciclo sin fin
Miles de ciudadanos israelíes se manifestaron el fin de semana a casi seis meses del ataque de Hamás.
Cual eterno retorno, la región donde se ubica el Estado palestino e israelí se encuentra en efervescencia. Desde la creación del Estado judío no hay una época en la que se haya logrado una sana convivencia y coexistir en paz.
Antes del ataque de Hamás del 7 de octubre pasado, la situación al interior de Israel comenzaba a colapsar para el perpetuo primer ministro, Benjamin Netanyahu, entre protestas históricas multitudinarias y acusaciones de corrupción se mantenía aferrado al poder. Una suerte de respiro le trajo la guerra contra Gaza, pero este fin de semana de nueva cuenta más de 100 mil israelíes tomaron las calles exigiendo su inmediata dimisión y el llamado a elecciones extraordinarias. Cual arrogante que es, Netanyahu aseguró que ni una ni otra y que el único ganador frente a una renuncia sería Hamás.
En un estado tan caótico y frente al genocidio y devastación en Gaza, ¿por qué habría que poner atención a estas protestas? La razón es simple, por primera vez en la historia del Estado hebrero, los judíos ultraortodoxos se unen a las protestas para deponer a la cabeza del Ejecutivo. ¿La razón? Una nueva ley que entró en vigor el 1 de abril que los obliga al servicio militar obligatorio. En Israel, el servicio militar es de carácter obligatorio y, de no acudir, son acreedores a prisión; los judíos ultraortodoxos estaban exentos de esta ley por el hecho de ser estudiosos de la santa liturgia (el Torá). La nueva ley es lo que los ha llevado a las calles a unirse a la proclama de renuncia del primer ministro.
Otro hecho inédito es que a las protestas se unieron los familiares de los rehenes secuestrados por el grupo terrorista Hamás, quienes antes confiaban en las gestiones de Netanyahu para su liberación y parecen haberle dado ya la espalda ante los nulos resultados.
En su estrategia para la liberación de rehenes no está dispuesto a negociar con Hamás y tiene un objetivo muy claro, aprovechar esta oportunidad para seguir destruyendo Gaza y, así, lograr que los palestinos abandonen esas tierras.
El traje del emperador
Así como Vladimir Putin hace creer a los rusos que él es el único capaz de proteger al país de las amenazas occidentales; Benjamín Netanyahu vendió al imaginario colectivo que es el único capaz de contener la amenaza árabe.
En su sexto mandato, es el dirigente israelí que más tiempo lleva en el poder y que había logrado colarse con gran éxito, pero ahora ni la popularidad ni la confianza ciudadana le alcanzan, lo que se refleja en una profunda división del país. El creciente rechazo popular acusa al ministro de debilitar a Israel frente al ataque de Hamás por su intento de reforma judicial y también le acusan de dañar las relaciones con su aliado más importante: Estados Unidos.
Mientras tanto…
Frente a un enfriamiento de las relaciones bilaterales de Israel con Estados Unidos y un clamor internacional de detener los ataques, continua la devastación, genocidio y éxodo del pueblo palestino en Gaza. Más de 32 mil muertos se han sumado en seis meses de guerra.
