The Trump show
Por más que se quiera celebrar un alto al fuego, sigue la destrucción, las casas derrumbadas, vidas interrumpidas, promesas rotas. Irán e Israel anunciaron la tregua, sí, pero quien perdió a un hijo o volvió a su casa sin techo escucha el sonido incesante de la ...
Por más que se quiera celebrar un alto al fuego, sigue la destrucción, las casas derrumbadas, vidas interrumpidas, promesas rotas. Irán e Israel anunciaron la tregua, sí, pero quien perdió a un hijo o volvió a su casa sin techo escucha el sonido incesante de la guerra. La diplomacia se regodeó en comunicados, los portavoces celebrarán y el mundo volvió a fingir que todo está en orden.
En tanto, Donald Trump volvió a hacer lo que mejor sabe: hacer que todo se trate de él y colocarse en el centro del escenario con una mezcla de arrogancia, desconexión y autocelebración. Irán aseguró que resistió y venció, Israel afirmó que puso condiciones. ¿Y Washington? Fingió una victoria, sin consenso legal ni apoyo ciudadano. Bernie Sanders lo dijo con todas sus palabras: la operación fue ilegal. Sí. Otra vez. No hubo aval del Congreso. No hubo debate democrático. Hubo caprichos, mentiras, show y, más que todo, un abuso de poder presidencial disfrazado de liderazgo global.
Medios globales destacan que las víctimas mortales fueron pocas, más de 600 en total. ¿Desde cuándo una muerte debe ser masiva para doler? Cada vida cuenta. Cada ausencia es un hueco. Para las familias que hoy entierran a uno de los suyos es todo. Y justo frente a este dolor, Trump habla de su obsesión por el Premio Nobel de la Paz. No hay ninguna visión de paz, sólo hambre de reconocimiento. Donald Trump sólo actúa para ser el protagonista y adornar su supuesto legado.
El ego desmedido de Donald Trump no representa lo que quiere la mayoría. Según Pew y Gallup, 16% de los estadunidenses apoya una intervención militar en Oriente Medio. La abrumadora mayoría no tiene interés en entrar en una guerra que no les corresponde. ¿Mientras tanto? La élite trumpiana toma decisiones desde oficinas climatizadas. ¡Imbéciles!
Por otra parte, ésta fue la guerra de la desinformación. Israel asegura haber debilitado a Irán, Irán presume resistir el embate. Las fotos se sacan de contexto. Los videos se editan para la opinión pública. Ya no sólo se trata de quién tiene más poder militar, sino de quién impone su narrativa. En el campo de batalla digital, la verdad vale lo que un tuit.
¿Otra derrota silenciosa? El multilateralismo. La ONU ya ni siquiera simula tener peso. Europa repite comunicados que parecen un machote. China y Rusia observan. El concierto internacional se tambalea entre la indiferencia y el cinismo. ¿Y en América Latina? Silencio. Pronunciamientos genéricos, declaraciones cautelosas disfrazadas de neutralidad. No decir nada también es una elección. Y callar frente al horror es normalizarlo.
Quien quiera imaginar que este alto al fuego es una solución está equivocado. Es una pausa. No resuelve el conflicto. No apaga el odio y sólo aplaza lo inevitable. Es sólo un respiro antes del próximo conflicto.
Albert Camus escribió: “Cada vez que un hombre es asesinado, muere un poco el mundo”. En estos días dejamos morir demasiado. No importa quién gana ni quién pierde, sino quién se atreve a no ser verdugo en un tiempo de verdugos.
