Make america great again

Al momento del cierre de esta columna, querido lector, aún no teníamos datos finales para declarar ganador de las elecciones a Donald Trump, aunque comienza a verse como un triunfo irreversible por el comportamiento en Georgia, Michigan y Pensilvania. Ya no importan las ...

Al momento del cierre de esta columna, querido lector, aún no teníamos datos finales para declarar ganador de las elecciones a Donald Trump, aunque comienza a verse como un triunfo irreversible por el comportamiento en Georgia, Michigan y Pensilvania. Ya no importan las fobias personales, llegamos al momento de la verdad y hay que subrayar que el candidato republicano también dominó con el voto hispano (a pesar de las amenazas, adjetivos y burlas a los puertorriqueños).

Con el regreso de Trump al Salón Oval, resulta fácil prever que a nivel internacional viene una era de desprecio al multilaterismo y la diplomacia; de nueva cuenta se van a privilegiar las relaciones bilaterales y el interés superior de Estados Unidos. No habrá sorpresas para Gaza, Ucrania, Irán ni China.

¿Y EL MUNDO?

Las elecciones en Estados Unidos son tan importantes que incluso pueden definir el curso de los principales conflictos armados. El cambio más significativo lo representaría Ucrania, pero también la relación con la Unión Europea. Trump podrá terminar con el apoyo a Ucrania, un acercamiento a Rusia y, por ende, un distanciamiento claro con la Europa proucraniana.

En cualquier caso, el genocidio en Gaza continuará y podría extenderse a un conflicto regional aún más profundo.

¿Y para América Latina? En el mapa geopolítico estadunidense es una región secundaria, donde Venezuela y Cuba seguirán estando bajo el yugo estadunidense sin importar el o la ganadora de la elección.

Sin duda, los presidentes de derecha en América Latina tienen mucho que celebrar, sobre todo Javier Milei, quien tiene la esperanza de que Trump le dé un guiño a Argentina y pueda obtener algún beneficio

MÉXICO: LA REALIDAD TRAS EL DISCURSO

En México prevalece una narrativa ilusoria de que Kamala Harris y el Partido Demócrata son más tolerantes en su política hacia México. No es real. Es una distorsión de la realidad. Los intereses de Estados Unidos respecto a México trascienden las divisiones partidistas. Ambos partidos actúan en función de sus prioridades geopolíticas y de seguridad nacional; algo evidente y, en realidad prioritario, para cualquier gobierno.

Históricamente, los demócratas han deportado a más migrantes mexicanos que los republicanos. A pesar de su retórica compasiva o su narrativa más humanitaria, Barack Obama deportó a más de tres millones de personas. Los demócratas prometieron en diversas administraciones la tan acariciada reforma migratoria: ninguno lo cumplió (alegando diversos impedimentos)

En el tema económico, el pragmatismo domina los intereses estadunidenses. Kamala Harris votó en contra de la existencia misma del T-MEC, mientras que con Donald Trump fue renegociado y aprobado este tratado vital en el desarrollo económico de México. El TLCAN (antecesor del T-MEC) fue firmado por el presidente republicano George H. W. Bush.

En temas de seguridad y narcotráfico se podría creer que Donald Trump podría ser mucho más agresivo (más aún tras sus declaraciones de aranceles), pero, en la realidad, los republicanos han sido proclives a colaborar con México. Por su parte, tenemos ejemplos claros, como Genaro García Luna o el secuestro de El Mayo Zambada, de cómo durante la administración de Joe Biden el tema de colaboración en materia de seguridad ha sido ignorar y excluir, una y otra vez, a México.

El gobierno mexicano debe tener claro que la relación bilateral se basa en intereses económicos, estratégicos, geopolíticos y de seguridad, dejando de lado nociones simplistas de “benevolencia” y “aversión”, independientemente de las señales efímeras del tipo de cambio.

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