¿Limpieza étnica?

El gobierno más poderoso del mundo institucionaliza la burla y convierte a seres humanos en espectáculo.

Cualquier sociedad democrática y civilizada debería estar echando el grito al cielo por la aprobación de la Corte Suprema de Estados Unidos de utilizar el perfilamiento racial como herramienta oficial de política migratoria. Una práctica que debería ser vergonzante ahora cuenta con el sello de legalidad.

La simple idea de que agentes federales puedan detener y esposar a cualquier persona por ser moreno, hablar español o tener las manos curtidas por el campo sólo puede compararse con una limpieza étnica legitimada en el “país de la libertad”.

Lo que sucedió el martes en Estados Unidos no es un tecnicismo jurídico: es la institucionalización del terror. Así, de un plumazo, comunidades enteras, residentes, turistas y ciudadanos viven bajo sospecha permanente, según el criterio de un agente que decida que su fenotipo o su acento lo convierte en “sospechoso”. Tras los ataques terroristas en Nueva York pensamos que vivíamos en el clímax de la paranoia y que la “Ley Patriota” era una distopia: qué ingenuos fuimos.

TOQUE GROTESCO

Siguiendo con esta política de constante confrontación, la Casa Blanca difundió en redes sociales un muñeco Labubu “edición deportada”, hecho con IA, inspirado en un migrante guatemalteco con enanismo esposado y etiquetado como depredador sexual. Y no, no es una broma, no es una cuenta parodia y no fue hackeada. Fue propaganda oficial: la deshumanización como estrategia. La comunicación institucional de Washington se permite ironizar con la tragedia de millones de familias que huyen de la miseria. Evidentemente, cientos de organizaciones de derechos humanos se escandalizaron, pero la reacción sirvió para nada y nada.

Mientras miles de millones de personas tratamos de eliminar los discursos de odio, el gobierno más poderoso del mundo institucionaliza la burla y convierte a seres humanos en espectáculo. No es un hecho menor, las consecuencias son catastróficas para la comunidad migrante que pierde el derecho a ser tratado con dignidad y respeto y se normaliza la crueldad en su contra.

POPULARIDAD AL ALZA

Cualquiera creería que todos estos desaciertos tendrían un costo político, pero lo alarmante es que esto se traduce en mayor popularidad para Donald Trump. La última encuesta, cacareada con un orgullo obsceno por la Casa Blanca, presume 55% de aprobación para el presidente Trump (la cifra más alta de su administración). Mientras la discriminación se generaliza y las redadas aumentan, el presidente suma puntos.

¿Cuántas décadas de involución se viven en Estados Unidos? Ese mismo país que daba lecciones de derechos humanos a otras naciones, que señalaba a los regímenes autoritarios y que invadió decenas de países con la excusa del “intervencionismo humanitario”.

El mismo país que hizo marketing político liberando a mujeres afganas es el que caza migrantes como si fuesen una plaga.

El verdadero peligro no es lo que el gobierno o la Corte Suprema hacen, sino lo que la ciudadanía tolera y, en muchos casos, aplaude. El racismo y el odio venden y es el reflejo de lo enferma que está nuestra sociedad.

POST SCRIPTUM

Mientras tanto, miles de personas están siendo exterminadas con armas, hambre y guerra en Gaza frente a nosotros y Netanyahu celebra en TV global sus crímenes ¿Qué carajos nos pasó?

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