¿Libertad de expresión o discursos de odio?

Hace unas semanas se presentó el informe que preparó el Departamento de Estado de Estados Unidos sobre los derechos humanos en el mundo, texto en el que “califica” el cumplimiento de éstos en el mundo. Un informe que, por supuesto, levanta todo tipo de críticas a ...

Hace unas semanas se presentó el informe que preparó el Departamento de Estado de Estados Unidos sobre los derechos humanos en el mundo, texto en el que “califica” el cumplimiento de éstos en el mundo. Un informe que, por supuesto, levanta todo tipo de críticas a nivel global.

Sí, así como usted lo lee, uno de los gobiernos que más ha violado a discreción los derechos humanos se asume como policía del mundo, cuando hace apenas unos años, durante la administración de Donald Trump, se enjaulaba a migrantes como si se tratara de bestias, ni hablar de las escenas de niños migrantes separados de sus madres y criminalizados como delincuentes.  El mismo gobierno que por dos décadas mantiene a los culpables de los atentados del 11 de septiembre sin juicio y bajo condiciones donde la muerte sería un descanso.

Los mismos que han vetado más de 40 veces en Naciones Unidas la adhesión como miembro de pleno derecho a Palestina en la ONU. Los mismos que, a pesar de las atrocidades cometidas por Benjamín Netanyahu, lo respaldan y sólo se “atreven” a hacerle gentiles exhortos para detener el genocidio contra la población en Gaza.

Por estas razones, no me sorprende en lo absoluto la indignante represión que se está ejerciendo contra los estudiantes que tomaron los patios, jardines y otras instalaciones de los campus universitarios como un espacio para manifestar su repudio al respaldo estadunidense al genocidio israelí sobre Gaza.

A finales de abril se contabilizaban ya más de 50 universidades en huelga, lo cual nos recuerda las protestas contra la Guerra en Vietnam durante las décadas de los años sesenta y setenta, reprimiendo violentamente el libre derecho a manifestarse de miles de personas, en su mayoría jóvenes.

Pero el debate es mucho más profundo y con tintes catastróficos; hoy nos encontramos bajo un discurso donde todo lo que se diga en contra de Israel es antisemita y todo lo que Israel haga es sionista. Extremos que son muy peligrosos y esconden hechos e historias que pensaríamos superados y que, claramente, no es así.

Pero estos extremos van más allá, no sólo se limitan al tema del genocidio en Gaza, apuntan también hacia temas controversiales en los que se habla de una generación de cristal y donde ya no se puede opinar sobre nada por miedo a ser cancelado. Estamos en la antesala de una época en la que ideas que puedan resultar controvertidas e impopulares se silencian bajo el estandarte de “promover el odio”, y es por lo que líderes como Donald Trump o Javier Milei seducen a millones, por atreverse a decir lo que los demás callan en vías de lo “políticamente correcto”.

Pero detengámonos un poco. Naturalmente, quienes ostentan el poder desde hace siglos también desarrollaron discursos conservadores, machistas, homófobos y discriminatorios hacia grupos vulnerables; se violentaba y violenta a los individuos que salían del molde de lo tradicional y lo naturalizaron de tal forma que la humillación, la burla y la discriminación eran aplaudidas, algunos se escondían llamándolo “humor”; otros, “libertad de expresión”. Esos mismos creadores de narrativas violentas son los que hoy no entienden que sus críticas están basadas en el odio.

¿Cómo encontrar un equilibrio justo entre la libertad de expresión, el derecho de todas las voces a ser escuchadas y evitar promover la violencia? Ésa es nuestra tarea urgente y también lo es el no permitir la supresión de opiniones legítimas con la excusa de los discursos de odio, ese camino sólo conduce al abuso del poder y a posiciones totalitarias, donde un ente o grupo se asume con la superioridad moral de dictar de qué se puede opinar o protestar y sobre qué no.

POST SCRIPTUM

La mediocre y tibia respuesta de Joe Biden a la crisis de Oriente Medio y, sobre todo, el manejo de la crisis interior de las manifestaciones proPalestina será un factor crucial que le arrebatará la reelección al presidente de Estados Unidos.

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