Incertidumbre y polarización
Sólo nos separan 21 días de las elecciones más reñidas en la historia moderna de Estados Unidos. A tan sólo unas semanas de la contienda, no existe un claro favorito y se podría decir que la carrera presidencial se encuentra en un empate técnico. Serán un puñado de ...
Sólo nos separan 21 días de las elecciones más reñidas en la historia moderna de Estados Unidos. A tan sólo unas semanas de la contienda, no existe un claro favorito y se podría decir que la carrera presidencial se encuentra en un empate técnico. Serán un puñado de estados (los bisagra: Michigan, Arizona, Georgia, Pensilvania, Nevada, Carolina del Norte y Wisconsin) los que determinen, con su sufragio, la política global en su conjunto
Estas elecciones no sólo representan un proceso interno de nuestro vecino del norte, también van a remodelar la política global del resto de la década. Temas tan trascendentales a nivel mundial como: multilateralismo vs. aislacionismo, alianzas internacionales, nearshoring vs. proteccionismo, acuerdos climáticos hasta alianzas de seguridad como la OTAN, políticas migratorias y cooperación económica para el crecimiento y, por supuesto, la piedra en el zapato que representa la volatilidad en Oriente Medio.
La última encuesta realizada por NBC News señala que Kamala Harris y Donald Trump están empatados. Ambos tendrían el apoyo de 48 por ciento de los votantes registrados. Aunque Kamala Harris logra un aumento en la preferencia de las comunidades hispanas, Donald Trump continúa siendo el favorito en temas económicos, como la inflación, que son determinantes para el electorado estadunidense.
Realidad geopolítica
En caso de que Donald Trump vuelva a ser electo como presidente de Estados Unidos, ha dejado en claro que continuará con su política conservadora aislacionista, donde prevalece el interés nacional de Estados Unidos frente a cualquier tema de cooperación internacional. En política exterior es claro su apoyo irrestricto a Israel, su política de confrontación con China, su simpatía hacia el presidente ruso, menor apoyo a los aliados europeos, una posición dura en contra de Irán y su abierto desprecio a los acuerdos y organizaciones internacionales.
En el supuesto de que Kamala Harris obtuviera el triunfo, podría redibujarse un orden mundial contrario a los deseos de su contrincante republicano. Se espera el fortalecimiento con los socios tradicionales y priorizaría temas de cooperación internacional, como las alianzas contra el cambio climático, abierto apoyo a Ucrania frente a Rusia y mantener la política exterior de su predecesor frente al conflicto en Oriente Medio y restaurar el acuerdo nuclear con Irán bajo condiciones más estrictas.
Escenarios para México
Queda claro que el resultado de las elecciones en EU tendrá fuertes implicaciones para México en temas clave, como migración, T-MEC, nearshoring y seguridad nacional.
En el caso de la victoria de Donald Trump, veríamos un endurecimiento de la política migratoria con programas más restrictivos y con la imposición a México de servir como muro fronterizo para contener la migración irregular latinoamericana. Por otra parte, el escenario de renegociación y reinterpretación del T-MEC es claro con un enfoque más proteccionista y de sanciones contra México en los sectores automotriz y energético. Se asume que también tendría una política exterior más injerencista en temas como la seguridad nacional, con exigencias y amenazas mayores para combatir el narcotráfico y la inseguridad. Como socio comercial, incentivará, en cierta medida, el nearshoring sólo para reducir la dependencia a China.
Por su parte, Kamala Harris podría tener un enfoque más humano y de cooperación en el tema de la migración (aunque no hay que perder de vista que fracasó en esa encomienda durante el gobierno de Joe Biden), priorizará la relación de cooperación económica con México (aunque habría que recordar que votó en contra del T-MEC) y en materia de seguridad nacional y fomento al nearshoring mantendrá la política de Joe Biden. Básicamente, estaríamos frente a la continuidad de los últimos cuatro años.
En cualquier escenario, México tiene que prepararse para una relación bilateral complicada y llena de desafíos, de la que puede depender nuestro crecimiento económico. Es urgente que la diplomacia mexicana hacia Washington se convierta en un actor proactivo, confiable y competitivo.
