¿Héroe o tirano?
Nayib Bukele quizá no es el segundo presidente más popular del mundo según ninguna encuesta; sin embargo, es un hombre que en estas elecciones democráticas tuvo prácticamente nueve de cada diez votos emitidos. Las votaciones presidenciales de El Salvador ...
Nayib Bukele quizá no es el segundo presidente más popular del mundo según ninguna encuesta; sin embargo, es un hombre que en estas elecciones democráticas tuvo prácticamente nueve de cada diez votos emitidos. Las votaciones presidenciales de El Salvador prácticamente destruyeron a la oposición y dejan al país con sólo un partido hegemónico dentro en un sistema democrático, el de Bukele.
A pesar de torcer la Constitución para poder reelegirse, ganó con más de 85 por ciento de los votos. Pero no sólo es el tema del Poder Ejecutivo, también su partido arrasó en la Asamblea Legislativa. En medio de polémicas por violaciones a los derechos humanos, torturas, detenciones arbitrarias, persecución a la prensa opositora y violaciones constitucionales, su triunfo fue contundente.
Nayib Bukele es un rockstar, como lo es Donald Trump y como lo es Javier Milei (cada uno en su respectiva proporción) y como lo fue Barack Obama en su momento. ¿Estamos ante el fenómeno de un político como el que El Salvador necesita, cuyo ejemplo podría aplicarse en muchos otros países, o ante el nacimiento de un tirano, como los que ya han asolado al mundo?
Joven, exitoso e influyente en las redes sociales, cuenta con una popularidad de 90 por ciento dentro de su país. Este hombre apareció con una respuesta en contra de la gran criminalidad y delincuencia que vive su nación: una mano excesivamente dura que, por momentos, camina por la ruta de la violación a los derechos humanos.
No se intimidó antes las presiones de los muy diversos grupos de criminales ni por las críticas de las organizaciones internacionales, por el contrario, endureció más su posición. El Salvador pasó de ser el país con más asesinatos per cápita en 2015 a uno de los más seguros de mundo. Este país cuenta con la tasa de encarcelamientos más altas del mundo y las imágenes de sus prisiones de alta seguridad le dan la vuelta al mundo.
Las formas –cuestionables desde muchos puntos de vista– nos obligan a una pregunta de fondo: ¿los salvadoreños están tan fastidiados de la gran criminalidad que los ha asolado durante tantos años que están dispuestos a perder la libertad electoral? La respuesta es un sí contundente. Respuesta que tendría que servir de lección para la clase política mexicana.
Habrá quien pueda decir que Bukele representa la solución a los problemas, puesto que al prácticamente erradicar la criminalidad está abriendo las puertas para el crecimiento económico, como algunos ya vislumbran, con el turismo y la atracción de inversión extranjera.
Sin embargo, no pueden perderse de vista otras aristas de esta misma figura. Prácticamente todos los dictadores en la historia de la humanidad han aparecido como figuras que representan los más altos anhelos del pueblo y luego van trastocándose en figuras perversas, golems que se vuelven en contra de su pueblo.
Es necesario ver con objetividad al presidente de El Salvador. En materia de crecimiento económico y disminución de la pobreza los resultados han sido bastante bajos y su intento por introducir las criptomonedas al sistema financiero fue un fracaso. El costo en libertades todavía no se ha registrado para la población; sin embargo, no sería responsable no hacer consideraciones numéricas de la gran apuesta a la que han jugado los salvadoreños. Tiempo al tiempo.
POST SCRIPTUM
Resulta irrelevante, aunque sí jocoso, el inglés de la candidata de Fuerza y Corazón por México en su gira por Estados Unidos. Resultan mucho más preocupantes las protestas en su contra provocando fuertes acciones de repudio entre sus opositores. Muy a su estilo, Gálvez calificó a estas protestas como acciones orquestadas desde Morena.
También llama la atención su petición a Estados Unidos de “vigilar” las elecciones en México que están “amenazadas por el autoritarismo y el crimen organizado”. ¿Acaso cree que somos una colonia de Estados Unidos o ella se siente Juan Guaidó?
Ojalá pudiéramos analizar logros o pactos que hubiese alcanzado con su gira y no una lista de excentricidades.
