Geografía del hambre
Lento y tímido el actuar de Europa, pero se perfila un viraje político ante las imágenes de niños muriendo.
Lo que comenzó como una ofensiva tras los atentados del 7 de octubre de 2023 se convirtió en un bloqueo despiadado y en un bloqueo que perpetúa el sufrimiento de más de dos millones de gazatíes. La Franja de Gaza se convirtió, frente al silencio criminal del planeta, en un territorio sitiado donde buscar comida es un acto imposible. Con convoyes atacados y puntos de distribución militarizados, alimentarse es una actividad de alto riesgo en la zona.
Matar por hambre es una forma de exterminio silenciosa y cobarde. Según la ONU, mil 500 personas han muerto desde mayo, muchas de ellas mientras buscaban alimentos.
Mientras este crimen es sostenido frente a los reflectores mundiales, Estados Unidos y la Unión Europea continúan entre la omisión diplomática y la complicidad burocrática. A veces, fingiendo. A veces, lanzando comunicados de condena. Finalmente, Donald Trump, presionado por la opinión pública y el repudio, envió un funcionario a Israel. No para detener la masacre, para gestionarla políticamente,
Europa, como siempre, atrapada entre el gesto simbólico y la inercia mientras el malestar crece. España e Irlanda exigen revisiones de los acuerdos de asociación con Israel, Francia busca reconocer a Palestina, Reino Unido “amenaza” con el mismo reconocimiento (que no lo hará). En tanto, Alemania y Hungría se aferran a la culpa del Holocausto para justificar lo injustificable. Lento y tímido el actuar de Europa, pero se perfila un viraje político frente a las innegables y brutales imágenes de niños muriendo de inanición.
El problema ya no es Israel ni Hamás, son los cómplices, los patrocinadores, los silenciosos cobardes, los tibios y los “prudentes”. Somos todos. Fallamos como humanidad frente a una hambruna en streaming.
Los escenarios sin cámaras
Mientras destruyen Gaza, en otros rincones del mundo también se enfrenta el hambre. Sin titulares y sin cobertura constante 673 millones de personas (8.2% de la población mundial) padecen inseguridad alimentaria grave. Hoy tenemos la cifra más alta desde que existen registros de personas al borde de la inanición, en 2024 se contabilizaron 1.9 millones de personas y el número va al alza.
El hambre extrema se vive en países con guerra, colapso económico o el clima, como: Burkina Faso, Chad, Malí, Somalia, Siria y Sudán. Países de América Latina con casi la mitad de la población con inseguridad alimentaria aguda, como: Haití, Colombia, El Salvador, Guatemala y Ecuador. En Cuba, Venezuela y Perú no se puede cuantificar por falta de datos, pero la situación es preocupante.
Frente a la catástrofe, la ayuda internacional está en caída libre. Los fondos humanitarios dedicados a alimentos proyectan una reducción de 45%. Y es justo aquí donde la hambruna no es consecuencia de conflictos o desastre climático, es la consecuencia clara y directa de una decisión global de mirar a otro lado.
Urgen soluciones. Urge invertir en agricultura sostenible (como insiste la FAO) que es cuatro veces más rentable que enviar alimentos como ayuda humanitaria de emergencia. Lamentablemente, esta opción sólo recibe 3% del financiamiento humanitario global. ¿Cómo es posible que sepamos cómo prevenir el hambre y no invertimos en ello? Perdimos la brújula moral. Lo decía Kofi Annan, la lucha contra el hambre no debe tratarse de asistencia o caridad, debe tratarse de justicia.
POST SCRIPTUM
Mientras los gobiernos de México y Estados Unidos consolidan su poder con reformas y decisiones unilaterales, las respectivas oposiciones en ambas naciones no marcan agenda, no tienen propuestas ni siquiera provocan molestia. Parece que optaron por la autoaniquilación.
