Entre Ohio y Tel Aviv

Donald Trump estaría traicionando a su base votante si se involucra en el conflicto de Israel contra Irán. Por un lado, tiene que cuidar la lealtad de su electorado de Ohio, Texas y Georgia y, en la otra mano, tiene la enfermiza lealtad de Estados Unidos con Israel. En ...

Donald Trump estaría traicionando a su base votante si se involucra en el conflicto de Israel contra Irán. Por un lado, tiene que cuidar la lealtad de su electorado de Ohio, Texas y Georgia y, en la otra mano, tiene la enfermiza lealtad de Estados Unidos con Israel.

En lugar de una respuesta firme y coherente, Washington se ha sumido en una danza de ambigüedades encabezada por un presidente cuya brújula estratégica gira al ritmo de sus necesidades políticas.

Donald Trump amenaza, retrocede, vuelve a avanzar y da declaraciones que contradicen su propia doctrina. Un día declara una cosa y, al siguiente, se contradice. Y todo esto ocurre mientras el mundo se pregunta si Estados Unidos está a punto de cruzar el umbral hacia una nueva guerra en Oriente Medio.

En la práctica, Estados Unidos ya está inmerso en esta guerra por proporcionar armamento, inteligencia, defensa antimisiles y apoyo logístico, aunque lo nieguen de manera reiterada.

Trump sugirió que su país podría intervenir directamente y se jactó de saber dónde está el líder supremo iraní, Alí Jamenei. También insinuó, con su vulgaridad característica, que podría ordenar su asesinato si continúan los ataques. Al mismo tiempo,

reitera que Estados Unidos no forma parte del conflicto. En medio de esas declaraciones, asegura que ya “tienen” controlado el espacio aéreo iraní. ¿Tienen? ¿Pues no que no forma parte de eso?

Irán ya advirtió que si Estados Unidos se une militarmente a Israel golpeará las bases estadunidenses en la región. Trump lo sabe y sus asesores también. Si Donald Trump cree que tiene carta abierta para intervenir, debería analizar el interior de su país. Según encuestas, sólo 16% de los estadunidenses apoyaría la entrada de su país a una guerra con Israel e Irán. En pocas palabras: más de 80% está en contra y sí aprendieron algo después de los horrores cometidos en Irak o Afganistán.

El narcisista inquilino de la Casa Blanca se debate entre su eslogan de America First y querer ser el bravucón de la historia. De acuerdo con Tucker Carlson —aliado ideológico de Trump—, entrar en esta guerra sería “traicionar a millones de votantes que eligieron un gobierno para cuidar a Estados Unidos, no para pelear guerras de otros”.

Y estas palabras son reales, los padres estadunidenses no quieren a sus hijos desplegados en una guerra lejana con banderas confusas. Y ahí radica el debate de Trump: entre su fidelidad a Netanyahu y su necesidad electoral. Es una contradicción estructural entre la retórica y la práctica.

Mientras la Unión Europea y los aliados de la OTAN miran con cautela, Estados Unidos está al borde de una intervención que no desea, pero que el presidente parece forzar. Trump también se debate entre mostrarse fuerte o no ser un presidente que manda tropas por causas que no le son propias.

Si Estados Unidos entra a la guerra no será por inevitabilidad, será por las incoherencias del líder que eligieron democráticamente.

Al cierre de esta edición aún no se conocía si Estados Unidos entrará en esta guerra. En estos momentos el trumpismo está en un momento crucial: mantenerse fiel a su narrativa aislacionista o ceder al reflejo imperial de intervenir en la guerra y traicionar la promesa fundacional de MAGA.

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