Doctrina Donroe

Se revive la imagen del “patio trasero” de Estados Unidos y se vuelve a infantilizar a millones de lationamericanos.

Washington vuelve a poner la mira en América Latina. Donald Trump reinaugura la Doctrina Monroe con su peculiar sello: obsesión geopolítica, despliegue militar y la política de la zanahoria y el garrote. La nueva estrategia de seguridad nacional es un manual para recolocar a América Latina bajo la sombra de Estados Unidos con la finalidad de contener el avance de Rusia, China, Irán y cualquier actor que no responda los mandatos de Trump. No es gratuita la “revelación” de los espías rusos o el supuesto intento iraní de asesinar a la embajadora en México (ambos desmentidos por el gobierno mexicano).

El fraseo institucional asegura que el continente está amenazado por regímenes autoritarios, redes criminales, ahora terroristas, y migración forzada, temas que Washington considera de seguridad nacional. Se revive la imagen del “patio trasero” de Estados Unidos y se vuelve a infantilizar a millones de latinoamericanos como si no fuesen capaces de vigilar su propio destino y necesitan “la ayuda” de “los estadunidenses”.

El mapa

Resultan muy obvias las alianzas y los enemigos. Argentina, El Salvador, Guatemala, Paraguay, Perú, Ecuador y República Dominicana son los socios amigos, combaten la migración y prestan su territorio a sus “amigos”. Por supuesto, estos aliados son premiados con acuerdos comerciales preferenciales, respaldo político y promoción de los liderazgos de derecha. Bukele y Milei son los más claros ejemplos.

Los enemigos declarados y que podrían configurar el actual Eje del Mal está integrado, obviamente, por Cuba, Venezuela y Nicaragua. Antes pertenecían a este mismo grupo Bolivia y Honduras. En el caso particular de Honduras y Argentina, Trump ya demostró que está dispuesto a inclinar la balanza electoral con incentivos para la población.

Para esos países enemigos, peligrosos, “comunistas”, se imponen castigos no vistos desde la Guerra Fría. Bombardeos contra embarcaciones en el Caribe, desplazamiento del portaaviones más grande del mundo, amenazas de intervención terrestre, sanciones y congelamiento de ayudas. Un caso particular es el de Gustavo Petro, presidente de Colombia, que abiertamente desafió la Doctrina Donroe y recibió el garrotazo inmediato de Trump.

Para muchos analistas, se escuchan ecos de la Operación Cóndor. Claramente, no podría repetirse ese infame capítulo de la historia, pero la memoria trae a colación ver como enemigos a los distintos, alentar cambios de gobierno, acciones militares e intervenciones con el supuesto fin de preservar la seguridad hemisférica. De nueva cuenta, un espíritu de tutela en América Latina.

¿A dónde voltear?

Los gobiernos de derecha en Latinoamérica ven en Donald Trump una suerte de padrino para crecer electoralmente. Otros, como Brasil, buscan disminuir la dependencia a través de los BRICS, que también ya están en la mira de Washington. Países como México, con vínculos y asimetrías profundas con Estados Unidos, sortean los humores del presidente y tratan de ser pragmáticos sin perder independencia.

En tanto, el común denominador es la esperanza de que la mirada de Trump se pose en otros continentes, esperar los tres larguísimos años que le quedan en el gobierno y tratar de obtener estabilidad, inversión y legitimidad política.

Washington, al igual que en la década de los setenta, considera que tiene el soberano derecho de proteger, someter o intervenir en América Latina con prácticas que creíamos arcaicas, pero que le están funcionando. La pregunta es: ¿cuánto y hasta dónde estamos dispuestos a soportar?

POST SCRIPTUM

Europa vive una encrucijada similar siendo agredida, una y otra vez, por su otrora socio, aliado y guía, quien hoy la percibe como una carga pública.

Temas: