Decisiones viscerales

Kimberly Armengol

Kimberly Armengol

Rompe cabezas

La ofensiva contra Irán y la consecuente subida de los precios del petróleo ya le pasan factura a Donald Trump de cara a los comicios de 2027. De acuerdo con una encuesta de Reuters, el mandatario llega con una aprobación mínima histórica de 36 por ciento. En el tema de costo de vida sólo 25% aprueba la gestión de Trump; en materia económica, sólo 29 por ciento. Con relación a la guerra con Irán, 61% de los estadunidenses desaprueba la ofensiva. La retórica de la legitima defensa no le alcanza para justificar dentro de su país el proceder de Estados Unidos.

Es claro que la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán es, probablemente, una de las más cuestionadas de las últimas décadas (sólo podría compararse con la invasión a Irak o la guerra de Vietnam). El detonante de este conflicto es el cúmulo de una serie de decisiones contradictorias y abstractas, con afirmaciones sin pruebas y millones de voces señalando la ilegitimidad de ésta, incluidas voces importantes en MAGA como Tucker Carlson o Joe Kent.

Por más que el presidente Trump intenta controlar los precios del petróleo con discursos grandilocuentes o promesas de pronta terminación del conflicto, el impacto es inminente. La presión sobre los mercados energéticos y la volatilidad extrema del precio del petróleo se refleja en el bolsillo de la población global. 

MÁS Y MÁS CONTRADICCIONES

Donald Trump intenta controlar la narrativa sin éxito. Cuando aseguraba que Irán estaba a “semanas” de tener armas nucleares se contradecía consigo mismo, ¿no que el verano pasado afirmaba haber destruido sus capacidades nucleares? También entra en juego la declaración de Joe Kent, que asegura que no existía ningún riesgo inminente. Hoy por hoy, Trump asegura que está en conversaciones con “altos mandos” iraníes para la desescalada; Irán, desde la cúpula del poder, lo desmiente una y otra vez.  ¿Quién o quiénes serían esos altos mandos con los que supuestamente negocia? ¿Tienen alguna autoridad para llegar a un acuerdo satisfactorio para las partes? De acuerdo con los iraníes, sólo se trata de técnicas dilatorias.

Mientras el presidente menciona que está en negociaciones y hay avances, se mantienen operaciones militares activas junto con Israel y evalúan mandar tropas a la región. Menciona diálogo, mientras continua con la escalada como una forma de administrar el rechazo público y la subida de los precios del combustible. ¿Cuánto puede funcionar esa fórmula? ¿Unos días?

PLAN DE PAZ

Mientras se menciona un plan de paz enviado por Estados Unidos con 15 puntos para poner fin a la guerra, la pregunta legítima es: ¿qué incentivos tendría Irán para aceptarlo mientras es atacado? ¿Habría confianza por parte de Teherán para sostener dicho plan si Estados Unidos comenzó a atacarlo en medio de procesos diplomáticos? A todas luces, no.

Una semana más de incertidumbre que evidencia la falta de cálculo. Washington se convenció de que la presión militar destruiría a Irán y que, al interior, la población buscaría derrocar al gobierno. La idea de intervención extranjera exaltó el nacionalismo y la unidad nacional.

La República Islámica de Irán sabe que tiene a su favor la incertidumbre energética y el poder sobre el estrecho de Ormuz. Ni siquiera necesitan cerrarlo, con las maniobras militares y amenazas es suficiente para desestabilizar los mercados mundiales.

Lo que es claro es que a Donald Trump le falta respaldo en su guerra, al interior de su país y a nivel internacional. No hay coalición, no hay aliados, no hay compromisos. Mientras tanto, el elector se sigue preguntando cuánto le está costando una guerra que no es suya ni le interesa.