Crisis de legitimidad
Es el momento de la encrucijada donde la ONU puede fortalecerse y buscar mecanismos para ser autosuficiente.
Mientras el mundo se incendia, la ONU intenta celebrar su 80 aniversario con un escenario de un genocidio en marcha, guerras enquistadas, hambre creciente y una crisis de legitimidad sin precedentes.
Donald Trump, durante su discurso, hizo lo que mejor saber hacer: exhibir su poder y autoelogiarse. Con su tono burlón e incendiario, se autoproclamó como el pacificador y estadista que la humanidad necesitaba, y se adjudicó resolver guerras y salvar millones de vidas, mientras la ONU observa y aplaude. No dudó en culpar a la organización por la migración irregular y aseguró que hasta promueve crisis humanitarias; ridiculizó el consenso de la crisis climática. Ni un toque de diplomacia, sólo propaganda, y evidenció que su país sigue siendo el mayor financiador.
MIENTRAS TANTO
Mientras Trump desestima las realidades del mundo (así como descubre las causas del autismo), parte de los actores globales dieron algunos exhortos a la dignidad. El gobierno español exigió el ingreso pleno de Palestina en la ONU. Emmanuel Macron anunció que Francia reconoce oficialmente al Estado Palestino y lo define como “un acto de rebeldía moral frente a la indiferencia y el olvido”. A este gesto se sumaron Andorra, Australia, Bélgica, Luxemburgo, Malta, Mónaco y San Marino. El fin de semana, Reino Unido, Canadá, Portugal y de nuevo Australia hicieron lo propio. Un buen grupo de países decidió dar un paso más hacia la legitimidad internacional de Palestina.
Frente al reconocimiento de naciones poderosas, Donald Trump no pudo más que repetir las frases de su amigo Netanyahu al asegurar que eso es premiar a Hamás, dejando de lado a los millones que se están muriendo entre la hambruna, las bombas y la indiferencia.
¿LAVADO DE CONCIENCIA?
Es indispensable destacar que los discursos solemnes a favor de Palestina pueden sonar valientes y hasta levantar la esperanza de que algo puede cambiar en Oriente Medio. El tema medular es que si no vienen acompañados de sanciones reales con Israel, freno al financiamiento militar y límites a la ocupación sólo se trata de un lavado de conciencia y una campaña de relaciones públicas que poco o nada sirve para llegar a una verdadera paz en la región. Una forma de “sentirse en paz” mientras la masacre continúa. Las palabras no son suficientes para detener las bombas.
DOBLE RASERO
Esto es parte de lo que enfrenta la ONU a ocho décadas de existencia. Defender con discursos solemnes causas fundamentales civilizatorias y, por otra parte, permitir vetos obscenos que responden a intereses políticos y financieros.
Es el momento de la encrucijada donde la ONU puede fortalecerse y buscar mecanismos para ser autosuficiente y no depender financieramente de voluntades y excentricidades de sus Estados miembro o convertirse en un bonito gabinete de curiosidades.
