Se complica el escenario

Kimberly Armengol

Kimberly Armengol

Rompe cabezas

Donald Trump llega a la visita oficial de dos días a China en uno de los momentos menos glamorosos de su segundo mandato: negociaciones estancadas con Irán, lo que muchos leen como un fracaso; la inflación más alta registrada desde 2023; una guerra impopular y una aprobación en sus mínimos históricos.

De acuerdo con el Pew Research Center, la aprobación del presidente se encuentra en 34%, el punto más bajo de sus dos administraciones; 61% de la opinión pública desaprueba la guerra con Irán y 59% considera que estos ataques fueron una decisión equivocada. El rechazo no sólo se basa en el tema militar; el desgaste incluye la constante confrontación, las contradicciones, las políticas migratorias, aranceles y hasta los archivos Epstein. 

El panorama económico tampoco concuerda con la narrativa de “Make America Great Again” (MAGA): la inflación subió de 3.3 a 3.8%, mientras que el salario sólo subió 3.6% y algunos anticipan (como la consultora RSM) que el índice inflacionario podría alcanzar 4.5 por ciento. MAGA se confronta con la realidad de que se podría perder el control de la Cámara de Representantes y del Senado en las elecciones intermedias.

¿POSICIÓN DEBILITADA?

Frente a este panorama adverso, resulta estratégico para Trump lograr acuerdos positivos en la reunión con Xi Jinping. Pekín lo sabe y lo utilizará a su favor. 

Washington llega a este encuentro con un liderazgo debilitado por el estancamiento con Teherán y la crisis global energética ocasionada por el conflicto. Por su parte, China enfrenta una desaceleración económica, presión energética y riesgo de recesión. 

Las expectativas del encuentro son moderadas, por no decir mediocres. Para sorpresa de nadie, podría concluir con una fotografía histórica como el encuentro con Vladimir Putin en Alaska. A lo sumo, se espera una extensión de la frágil tregua comercial tras la escalada arancelaria después de entender que las tarifas y el choque era insostenible.

Donald Trump comenzó y apostó su mandato a detener el expansionismo y el área de influencia china con presiones económicas. La realidad es que China no retrocedió, Irán no se rinde y no ha logrado resolver los conflictos internacionales como prometía. Lo más cercano a sus promesas de grandeza se circunscriben al dominio que tiene de los países latinoamericanos que toleran la intromisión porque no tienen opciones con las que negociar.  

Parece que, simplemente, apostaremos más al significado simbólico y mediático de esta visita que a algún resultado tangible. Mientras Pekín jugará con la paciencia que lo caracteriza, Washington llega con desgaste político y una crisis de credibilidad a la que le urgen aplausos.