Caballo que alcanza
Donald Trump podría escribir en primera persona uno de los manuales más interesantes de cómo vivir una campaña política: muy poca gente podrá contar cómo se pasa de ser casi un chiste en la política a ganar una contienda cuando todavía, horas antes, había quienes ...
Donald Trump podría escribir en primera persona uno de los manuales más interesantes de cómo vivir una campaña política: muy poca gente podrá contar cómo se pasa de ser casi un chiste en la política a ganar una contienda cuando todavía, horas antes, había quienes lo dudaban, a perder siendo presidente en funciones y terminar siendo un candidato rebasado en la última etapa de la contienda.
Cuando el otra vez candidato republicano a la Presidencia de Estados Unidos tuvo su primera contienda política eran más quienes le veían como un empresario entretenedor, mucho más vinculado con el deporte espectáculo, como la WWE o uno de los programas pioneros de concurso empresarial que se llamaba The Apprentice.
En aquel momento, prácticamente no pasó nada con su candidatura puesto que los miembros del Partido Republicano no lo vieron como un aspirante serio; sin embargo, para la siguiente campaña electoral se convirtió en un tsunami mediático.
Sin embargo, supo aprovechar de muy buena manera la explosión de los medios de comunicación, que rompieron con los paradigmas de la política al hacer que los candidatos tuvieran que ser una figura pública con arraigo entre la población, en lo que va mucho más lejos de las ideas o las promesas políticas. Ser una personalidad de los medios de comunicación.
Estableció un nuevo modelo de comunicación política mucho más parecido al de rockstar o un influencer que el de un político convencional.
Eso le alcanzó, en una muy cerrada elección, para derrotar a Hillary Clinton, que no supo o no pudo entender eso que algunos denominan política basura y que está lejos de los padres fundadores.
No obstante, el modelo de comunicación política se agotó o, por lo menos, quedó sumamente dañado porque se cumplió con la paradoja de publicidad que promete demasiado y cumple con poco.
A pesar de ser un presidente totalmente mediático, fue derrotado por un candidato demócrata que parecía que se regresó a una política más apegada a las formas tradicionales. Sin embargo, Joe Biden fue un presidente perseguido por sus despistes, que sólo pueden ser atribuibles a la edad y su condición de salud mental.
Esto permitió que, otra vez, Trump apareciera como un candidato muy llamativo. Se veía más joven y dinámico que su contrincante. El candidato republicano había redirigido su campaña a, si bien ya no ser tan mediático, a ser una oferta política más atractiva por su edad y, sobre todo, por energía.
La aparición de Kamala Harris descuadró totalmente la estrategia republicana. Ahora, Trump era el viejo y el que tendría que enfrentar a una candidata con gran fuerza y empuje que hace recordar la verdadera edad del candidato republicano.
Si bien el intento de asesinato le hizo ver como un héroe americano, la realidad es que las condiciones políticas ya habían cambiado para ser un nuevo capítulo en las competencias políticas de Trump.
Realmente pocos políticos en el mundo han tenido tantas posiciones tan diversas como candidatos en el mundo: en un periodo verdaderamente corto, Trump ha pasado de ser un chiste a una revelación y de ahí a ser un cómodo favorito que se ha desinflado con una asombrosa rapidez.
Si, como marcan las encuestas, Harris gana la elección en Estados Unidos, su contendiente Trump podría escribir un libro en primera persona sobre las muchas aristas que puede tener un candidato y demostrar, entre otras cosas, que la política, en muchas ocasiones, depende de la suerte o el estado de ánimo de los votantes, y no tanto de lo que hagan los políticos.
