Amor con amor se paga
Al final de su sexenio, los niveles de popularidad del presidente López Obrador llegan casi a 80% de aprobación, una cifra nunca vista por un presidente mexicano. Un porcentaje inexplicable para aquellos detractores que aseguran que los más pobres a quienes llaman ...
Al final de su sexenio, los niveles de popularidad del presidente López Obrador llegan casi a 80% de aprobación, una cifra nunca vista por un presidente mexicano. Un porcentaje inexplicable para aquellos detractores que aseguran que los más pobres (a quienes llaman pendejos o nacos) fueron comprados con programas sociales. La población más vulnerable, ésa a la que la oposición y decenas de comentócratas consideran incapaz de pensar. Esa misma población que se sintió visibilizada y comprendida por primera vez durante el gobierno de López Obrador.
Para quienes no comprenden la devoción, aceptación y, sí, el amor que le tienen millones al Presidente saliente tendrían que estudiar su notable capacidad para capitalizar los deseos y necesidades de los mexicanos que fueron olvidados por décadas. También su habilidad para nombrar con todas sus letras dos de los peores lastres de este país: el racismo y el clasismo. (Ojalá Claudia Sheinbaum incluya en esos lastres el machismo y la estructura patriarcal de nuestra nación).
¿A qué se atribuye la popularidad del presidente López Obrador? Una de las razones es el incremento de casi 120% del salario mínimo por encima de la inflación, los más de nueve millones de personas que salieron de la pobreza, los programas sociales alcanzaron a más de 40% de la población y el ingreso laboral promedio creció 24% por encima de la inflación. Sí, un Presidente que escuchó y mejoró la calidad de vida de millones de trabajadores, mientras sus antecesores coqueteaban con la IP para proporcionar esclavos más baratos bajo simulaciones de contratación (outsourcing).
Aquellos gurús que auguraban la venezualización del país se enfrentaron con un peso mucho más fuerte que los anteriores sexenios, equilibrio macroeconómico, una relativa sanidad de las cuentas fiscales y la inversión extranjera que llegó a niveles récord. El desempleo de 2.7% es el más bajo de América Latina. Aquellos temores de un gobierno comunista fueron sustituidos por expectativas del nearshoring. Así las cosas.
DISFRUTEN LO VOTADO
Resulta repugnante que a estas alturas un grupúsculo que denigra a la oposición continúe obsesionada por encontrar algoritmos y fraudes; inunden sus redes sociales con frases en las que pretenden hacer rendir cuentas a López Obrador; hablen de censura y dictadura. ¿Los peores? Aquellos que utilizan la frase “disfruten lo votado” frente a los muy lamentables episodios violentos que vivimos día a día. Perdieron la razón de tal forma que son capaces de disfrutar las desgracias que aquejan a nuestro país en lugar de proponer soluciones.
Tienen otros seis años de oportunidad para conformar una oposición sólida, crítica y constructiva; una oposición que sea un verdadero contrapeso y no un grupo de catastrofistas paranoides. Las elecciones del pasado 2 de junio fueron la brújula clara de lo que son y lo lejos que están de la aceptación popular.
POST SCRIPTUM
La presidenta Claudia Sheinbaum enfrenta un reto enorme, que es superar a su carismático antecesor, mentor y líder político. La tarea no es fácil y los pendientes son muchos, entre ellos: reducir los lacerantes niveles de violencia, mayor reducción de la pobreza, crear un verdadero sistema de salud público, combatir la degradación del tejido social, contrarrestar la polarización, cerrar la brecha de género y, probablemente, una nueva y más dura administración de Donald Trump. Éxito y suerte. Por ella y por nosotros.
