El ocaso de la paz

Con 59 misiles Tomahawk, el gobierno de Donald Trump fijó su posición de política exterior y, en particular, sobre el combate al terrorismo de Daesh.

Kimberly Armengol

Kimberly Armengol

Rompe-cabezas

El reciente ataque de Estados Unidos (y el primero deliberado desde que comenzó la guerra hace seis años) a Siria huele a Irak y a Afganistán, un déjà vu que nos remonta a la víspera del infierno.

Con 59 misiles Tomahawk, el gobierno de Donald Trump fijó su posición de política exterior y, en particular, sobre el combate al terrorismo de Daesh en lo que podría ser considerado como un regreso a la usanza de George W. Bush. Después de 320 mil muertos, más de diez millones de desplazados y seis años de guerra, Estados Unidos atacó a Siria.

El 4 de abril se registró un atentado en contra de la población civil en Siria que causó 80 muertes y por lo menos 160 heridos, ordenado por el gobierno de Bashar al-Assad según acusaciones de la comunidad internacional y la oposición en aquel país.

En primera instancia pareció que el tema no tendría una repercusión en la comunidad internacional, siempre enfrascada en los formalismos burocráticos de la ONU que busca evitar la hipersensibilidad entre Estados Unidos y Rusia sobre el gobierno de Al-Assad.

Sorprendentemente el jueves dos destructores de la Marina de Estados Unidos lanzaron un fuerte ataque en contra de la base aérea de Shayrat (enclave geoestratégico sirio) que —según el gobierno de Siria— causó únicamente la muerte de nueve civiles.

La embajadora de Estados Unidos en la ONU, Nikki Haley, calificó las acciones como una respuesta moderada y anticipó que estarían preparados para acciones de mayor escala, pero “esperaban que no fueran necesarias”.

Es claro que la administración de Trump ha dado un giro radical en torno al gobierno de Siria y la lucha en contra de Daesh. Es fundamental entender que desde su campaña, el actual Presidente de Estados Unidos no veía al gobierno de Al-Assad como intrínsecamente relevante, pero siempre estableció que sería juzgado por sus acciones como este atentado en contra de la población de Khan Sheikhoun. De paso, una fuerte llamada de atención a Irán y a Corea del Norte.

Lo que no es tan claro es cómo se modificarán las relaciones entre los gobiernos de Trump y Putin. Si bien es cierto que oficiales rusos cuestionaron fuertemente el bombardeo y dejaron claro que se había presentado una fuerte fricción entre ambas naciones, la realidad es que decidieron mantener una comunicación abierta e incluso los mandos militares de Estados Unidos dejaron claro que en todo momento mantuvieron la comunicación y que ningún avión o facilidad de Rusia fue dañada.

No puede ignorarse que el ataque se da en un entorno de acusaciones de injerencia del gobierno ruso, directa e indirectamente, en proceso electoral de Estados Unidos, lo que no sólo ha llevado a renuncias, sino a una investigación en aquel país.

Una lectura superficial podría llevar a conclusiones precipitadas como que la Casa Blanca usó como pretexto el ataque a civiles en Siria para generar una tensión, un tanto fingida, con el gobierno ruso y así disipar las investigaciones.

Parecería que una posición mucho más cercana a la realidad es que Trump mantiene una línea hegemónica de pensamiento en la que decide lo que es correcto para Estados Unidos y a partir de ahí actúa considerando que el resto del mundo debe y tiene que aceptar sus posiciones. Una vez más vemos la figura del “intervencionismo humanitario”, una figura ya muy desgastada y con nula credibilidad. Una figura que apesta a la destrucción de los Balcanes…

Se trata de una filosofía política que pone a Estados Unidos en el centro de las decisiones y ve al resto del mundo como la periferia, un regreso a los tiempos en los que ese país se asumía como la principal potencia mundial, guardián de las causas justas y protector del orden mundial.

En tanto, millones de sirios continúan sin claridad sobre su destino, enfrascados en una guerra que no es su guerra y que sólo ha dejado destrucción y dolor.

POST SCRIPTUM

El tiempo se acaba para la dictadura de Nicolás Maduro en Venezuela. Los excesos en contra de la población, caracterizados por un coctel maligno de pobreza, falta de servicios públicos, represión y atentados continuos en contra de la democracia superan por mucho las fronteras del país sudamericano.

Al cada vez más fuerte tono de la condena internacional se suman acciones particulares como la del presidente Peña Nieto, quien recibió en Los Pinos a Lilian Tintori, sin duda uno de los más importantes iconos de la rebelión en favor de la democracia en aquel país.

Twitter: @kimarmengol

Temas: