Navidad

La pandemia apareció apenas iniciado el año interrumpiendo nuestras actividadesy de inmediato nos impuso disciplinas en nuestro ritmo diario que hemos tenidoque mantener hasta estos días. No podemos ignorar sus enseñanzas.

¡Qué bueno que estos días navideños nos dan ocasión para repasar y evaluar las experiencias que el largo y difícil 2020 nos enseñó!

La pandemia apareció apenas iniciado el año interrumpiendo nuestras actividades y de inmediato nos impuso disciplinas en nuestro ritmo diario que hemos tenido que mantener hasta estos días. No podemos ignorar sus enseñanzas.

A lo largo de esos meses los efectos se han sentido en miles de hogares, segando vidas útiles, pereciendo unos por sus propias debilidades físicas o, muchos más, por no querer aceptar sus responsabilidades propias de prevenir y cuidarse.

Para todos, el peligro de contagio obligó a concentrarse más en sus circunstancias personales que en los detalles. Los efectos dependieron de las actitudes personales y sus modos propios de vida. Para la inmensa mayoría de mexicanos la interrupción de la normalidad significó ventajas en el ahorro que ello les abrió. Para muchos que lo pudieron hacer, se adaptaron en compartir espacios de convivencia en el mismo lugar de oficio, donde el quehacer diario coincidía con el quehacer doméstico. A veces brotaron fricciones donde, por lo general, reinaba la paz.

La experiencia arrasó a todos obligando al encierro, ofreciendo consecuentar a nuestros impulsos personales que afloraron. Mientras eso pasaba en los hogares de las grandes ciudades, los responsables de servir al público desde las oficinas y centros gubernamentales se enfrentaban con las terribles limitaciones imprevistas de sus sistemas de trabajo. Para algunos fue el pretexto muy oportuno a la negligencia, pero para otros más fue mayor vencer la dificultad en la tarea inevitable. Para todos, de cada lado del barandal, hubo frustración y falta de previsión. Para el inepto, para semejante emergencia es incapaz de reaccionar en forma eficaz e instantánea ante lo imprevisto. Ahora sí que ya no dio lugar para culpar a la corrupción que oculta. Las quejas y reclamaciones inútiles, sin respuesta, y las tragedias que a diario saltan a la vista y son relatadas en los medios de comunicación.

Sorda resignación y paciencia.

El año avanzó y la crisis aumentó conforme al esperado pronóstico. El nuevo año ofrece alivio, pero a fecha reservada. La experiencia vivida continúa y convierte amenazas en realidades y éstas en convicción tardía de que no todo depende del Estado que no se da abasto. Que los servicios y los hospitales y centros de atención son insuficientes y que todo el personal está exhausto y rebasado.

Las vacunas comprometidas tienen su calendario y que se supone llegarán, pero no son medicina que cura, sino que sólo prevén contagios. Que la transmisión es cosa de nosotros y nuestro comportamiento personal y social. Entendimos que la llave para vencer la enfermedad es la prevención y la lección que se repite es la paciencia y el prescindir de muchas cosas a las que nos habíamos acostumbrado. Habremos aprendido cómo enseñar a los niños y la importancia de educarlos en nuestras casas usando los aparatos que mal sustituyen a la escuela presencial.

2020 nos enseñó la necesidad de disciplinas necesarias y de métodos prácticos que hacen posible convivir y compartir lo poco que se tiene con el que tiene menos. Nos enseñó a tener fe en nuestra propia capacidad y cómo potenciar y aprovecharla. 2020 nos mostró hasta dónde podemos confiar en los demás y que el vencer la enfermedad comienza por nosotros mismos.

Las noticias que nos llegan de otros países, de nuestro vecino al norte, de Europa, de China, Japón o Filipinas, dicen que nadie escapa de la pandemia que ataca sin distinción, desde el más humilde hasta el más encumbrado. México no es excepción. Todos estamos frente al mismo reto que hay que vencer con las mismas armas y medidas que la ciencia indica y que la experiencia confirma.

Resulta suicida el desprecio altanero al uso de cubrebocas o guardar sana distancia cuando es posible. Que rechazar las recomendaciones sólo es alarde de un obstinado infantilismo.

2020 nos obligó a la humildad, que buena falta nos hacía, y a la solidaridad social de la que todos habíamos descuidado y que esta temporada es el mejor momento para renacer en la fe que nos inspira la Natividad.

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