Los retos coyunturales y el Bancomext
Muchos hechos en estos días alimentan la creencia de que México, como muchos otros países, se encuentra en una coyuntura de transición, cuya profundidad desconocemos. Aunque desde finalizada la Segunda Guerra Mundial se han aplicado las fórmulas económicas de desarrollo más conocidas y aprobadas por economistas y políticos, no hemos cerrado la brecha que separa a los mexicanos exageradamente ricos de los intolerablemente pobres
La impunidad, asociada con la aparentemente incontenible criminalidad, se ha arraigado en nuestra comunidad. Hay un hondo fastidio popular frente a estas realidades que no han cambiado, pese a lo que se ha intentado para remediarlas. Ello se añade a la impreparación, la escolaridad insuficiente, por no decir la falta de oficio que, desafortunadamente, caracteriza a nuestra población.
Dichas deficiencias se han magnificado como un efecto del crecimiento demográfico. El saldo social es que se ha desplomado la calidad de vida de cualquier mexicano, de clase popular o media, en cualquier lugar de la República. Lo insoportable se convierte en peligroso, y el deterioro que hace muchos años Oscar Lewis describió en Los hijos de Sánchez, convirtió en mafia lo que era una simple familia marginada.
El simple hecho es que el ánimo general converge en la frustración e impotencia por no poder brincar esa barrera infranqueable con la que se enfrentan muchos y que produce una ansiedad de cambio.
Se dice que los planes de la UNAM y de otros centros de estudios ya toman en cuenta este panorama poco alentador y claramente antidemocrático. El fenómeno mencionado genera la desesperación popular que en cualquier momento estalla y desciende a las negras profundidades criminales de linchamientos contra el primer infeliz que les personifique la amargura popular combinada con incompetencia oficial.
En todo esto luce la intensa urgencia de difundir en el país la educación en todos sus grados. La que se imparta en los planteles oficiales y privados debe ser integral, tanto en lo cultural como en lo ético, abarcando todas las clases y niveles sociales.
Se trata de lograr un equilibrio entre el potencial personal del individuo y las condiciones socioeconómicas reales de la comunidad en que se encuentra el ciudadano, en términos de tener la oportunidad de emplearse en una ocupación que le brinde un nivel digno de vida. Por esta razón, hay que dedicar los recursos públicos y privados a la formación de toda clase de profesionistas y técnicos que el país requiere.
La insuficiencia del “modelo” de desarrollo que hemos usado en México se constata mes a mes en términos de las realidades que se padecen. Hay novedades en todos los campos del devenir humano que esperan ser usadas. La competitividad de nuestro comercio exterior depende en mucho, por ejemplo, de la logística como método de operación. Es un buen augurio el que la nueva administración federal se compromete a promover el sistema “dual” escuela-industria en todo el país, donde también deben promover métodos logísticos para aumentar la competitividad de nuestro comercio exterior.
México registra un muy bajo nivel de patentes de sus investigadores, hay un buen número de nuevos productos desarrollados por inventores mexicanos. Hay un buen número de nuevos productos formulados por mexicanos que están en espera de ser desarrollados; son propuestas que provienen de laboratorios agrícolas, industriales o de la biotecnología que confirman el talento e ingenio nacional. El Banco Nacional de Comercio Exterior (Bancomext) se ha dedicado desde su fundación, en 1937, a financiar en todas sus fases los programas de exportación del país y después del intento de eliminarlo hace pocos años, confirmó ser factor determinante en ese campo. No debe desaparecer esa institución que ha dado solidez y fama a la banca mexicana de fomento sin requerir grandes olas de publicidad. El Bancomext debe continuar en bien de todo el desarrollo nacional. Llevar a nuevos horizontes el progreso de una nación se hace respetando lo que se ha logrado y no con su destrucción.
