Las pymes, siempre olvidadas

La historia del comercio exterior mexicano es la de un constante déficit en sus cuentas. El año pasado, por ejemplo, las exportaciones mexicanas fueron de 460 mil millones de dólares, mientras que nuestras importaciones fueron de 604 mil millones de dólares.

Por fin, el gobierno expidió un decreto apoyando a las empresas manufactureras mexicanas. Hasta el miércoles pasado la atención primordial ha sido distribuir a través diversos programas sociales poder de compra a la población. Faltaba atender con la misma prioridad las actividades que generan empleo y que respaldan el consumo. Los descuentos fiscales que ahora se ofrecen se dirigen a diez distintos sectores claramente especificados en el decreto. Además, hay una consideración especial a los programas de capacitación. Son estos últimos los que podemos interpretar como de especial interés para las pymes, que abarcan más de 95% del empleo nacional, aunque mayoritariamente informal.

El nuevo decreto está expresamente inspirado en corregir la práctica de montar plantas en países lejanos de los mercados para aprovechar bajos salarios, offshoring, para reubicar las cadenas de producción hacia los mercados donde está la demanda. El tema actual, nearshoring, es una práctica que desde hace tiempo conocemos en México, por ser la esencia de la estrategia comercial del Tratado trilateral que se firmó en 1994 a iniciativa del presidente Salinas de Gortari y rebautizado como T-MEC por López Obrador.

La historia del comercio exterior mexicano es la de un constante déficit en sus cuentas. En efecto, el año pasado, por ejemplo, las exportaciones mexicanas fueron del orden de 460 mil millones de dólares, mientras que nuestras importaciones fueron de 604 mil millones de dólares. Desde hace muchos años el gobierno ha querido impulsar la producción nacional a fin de enderezar el tenaz desequilibrio. Aunque la balanza de invisibles sirve para sanear el saldo final de nuestros intercambios con el exterior, pretender disfrazar el desequilibrio en el comercio con deuda externa, es una vía equivocada. Para ello es indispensable aumentar la producción física, no sólo la productividad nacional, y con ella impulsar una mayor exportación.

Estimular un mayor número de empresas productoras es una tarea que significa fortalecer a las más de 5 millones de pequeñas y medianas industrias. La importancia de éstas en los países más desarrollados se estima en 34% del total de sus exportaciones. En países de menor desarrollo esa contribución es del orden de 8%, lo que podría explicarse por el predominio en esa cuenta de las principales empresas internacionales.

La moda actual de alentar el nearshoring sigue el ejemplo que marca Estados Unidos como reacción a la creciente proporción de productos asiáticos en su mercado nacional, donde, por cierto, la presencia porcentual de México es prácticamente la misma que la que tienen los productos chinos. Entre ambos países se disputa ser el principal proveedor extranjero, entre 13 y 17%, del mercado norteamericano.  Montar plantas en países lejanos de mano de obra barata, ha dejado de ser lo relevante debido al aumento de salarios en dichos países además de los reclamos del sector laboral doméstico.

El decreto publicado en el Diario Oficial de la Federación esta semana, que contiene los estímulos fiscales, que pueden llegar hasta más de 80% para fortalecer la fabricación nacional, estimulará sustituir importaciones de productos que producimos y con ellos abastecer al mercado y la exportación. El fortalecimiento de la planta industrial implica la posibilidad, muy lejos de realizarse en estos momentos, de absorber una proporción del interminable flujo de migrantes que pasan por nuestro territorio rumbo a Estados Unidos.  

Hace varios años, el finado Instituto Mexicano de Comercio Exterior, creado por el presidente Echeverría, estableció en cada estado de la República comisiones de fomento de comercio exterior presididos por empresarios locales. Dicho programa, en el que las pequeñas y medianas actividades eran el centro de atención, fue la cimiente de la conciencia exportadora entonces inexistente y que ahora contribuye con 50% del PIB nacional.

La intencionada interrupción del apoyo a la producción nacional del régimen de López Obrador no sólo privó a las indispensables pymes de todo financiamiento, sino que ha propiciado la creciente participación de las grandes empresas multinacionales en nuestro comercio exterior.

La política desequilibrada de la 4T ha desaprovechado el potencial de las pymes y, con ello, los niveles de vida y atención a las necesidades sociales como salud y educación. La siguiente administración tendrá como tarea primordial fortalecer la producción nacional para crear empleo y desarrollar tantos recursos desaprovechados.

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