Las ansias por reformarlo todo
Sin aprecio por la tradición se sustituyen fachadas. Como las constituciones que se enmiendan.
En el gran maremágnum social, político y técnico en que se encuentra el mundo, México debiera ser un referente de una sociedad creciente que coordina con éxito su desarrollo. No lo somos. Con 130 millones de habitantes, sexto lugar en el planeta y decimoquinto, en comercio internacional, no hemos sabido articularnos todavía.
Los avances que hemos logrado son frutos de constancia en el empeño y perseverancia en las metas en cada área. Gracias a ello, nuestra posición se destaca en muchas facetas como las artes, las ciencias y el comercio exterior. México persevera en líneas trazadas desde hace varias décadas en fortalecer sus actividades primarias e industriales. Socio en el Proyecto Norteamérica, cada día estamos venciendo retos internacionales, Ante la fluidez de condiciones políticas internacionales estamos encontrando nuevas vetas de éxito. Todo ello gracias a la solidez de miras que no oscilan con oleadas que contradicen lo alcanzado.
Con todo y su carácter siempre orgulloso de su independencia y sostenida por una obsesión de soberanía, el mexicano está abriendo su mente hacia los horizontes desconocidos que igual le retan, que encierran oportunidades para vivir mejor en armonía con otros pueblos. En esta aventura permanece en el fondo su inseparable personalidad con los dictados de la historia. Le gusta las cosas confiables. Es parte de la misma mentalidad. Las luchas políticas internas pueden desviar el camino que estima seguro para fincar su mejor nivel de vida.
Se ha perdido eficacia en cambiar y suprimir entidades que servían. El aumento de la pobreza y en las divisiones sociales, en comunidades que de haberse desarrollado, no expulsarían a sus habitantes a la tristeza de ser migrantes empeñados en ir al sueño del norte.
Los cambios que se hacen por ser propuestas novedosas, tienen que rimarse con la visión tradicional. Es peligroso desechar lo valioso de nuestro pasado y de las enseñanzas que ahí se guardan. Pero hoy en día se impone una fuerte inclinación por cambios por el solo gusto de hacerlos. Contra la tradición está la facilidad de desechar lo pasado. Tenochtitlan por la ciudad castellana. Los parques y los ambientes tradicionales que no se respetan y sucumben al descuido y a su posterior desaparición. Al ritmo de un gobierno vencedor se cambia la Constitución con docenas de alteraciones que se le amontonan. La entidad oficial que reformamos, no satisface lo que ha venido sirviendo y se descarta. Es un triunfo el lograr que permanezcan. Las instituciones que perviven en semejante obsesión por modificarlas o por desaparecerlas son contadas en nuestro panorama nacional.
La experiencia del partido-gobierno y AMLO-Morena le ha sido negativa. Haber perdido la fuerza parlamentaria, sin embargo, no le impide dirigir la agenda política a su gusto desde las mañanas.
Emergemos de la pandemia y no somos los mismos que hace dos años. Hemos ajustado hábitos de trabajo y de descanso. Se afectó la convivencia familiar y nuevas relaciones laborales. Para ciertas actividades fue mortal. El gobierno siguió de frente con su Cuarta Transformación y la arraigó. Se fue generando un clima de inquietudes políticas y académicas
Sin aprecio por la tradición se sustituyen fachadas y papelería. Fuego nuevo, como los del jubileo judío, como las constituciones que se enmiendan cambiando artículos, en lugar de acotarlos.
La iniciativa de reforma electoral que pretende sustituir el sistema por entero y se propone al finalizar un periodo parlamentario para emprender su examen en septiembre. La finalidad no es, por el momento, la de plantear un nuevo esquema. Siendo nulas las posibilidades de que sea aprobada en sus términos son casi nulas, lo que vale para su autor es entretener la atención ciudadana.
Durante el tiempo aislado evaluamos lo logrado y se detecta para el siglo XXI el potencial desperdiciado. Tiempo de retos y por ello tiempos no para débiles de ánimo. Los retos vienen fuertes. La sociedad está compuesta de la suma de decisiones ciudadanas y somos nosotros en conjunto por lo que las cosas se resuelven. Las soluciones no están en los cambios de membretes, sino en el cambio interior.
Ahora al despertar surge el dilema de regresar a lo conocido antes o que, por el contrario, ésta sea una coyuntura ideal para realizar cambios antes inoportunos. La pandemia sirvió de terapia. Componer lo que ya andaba mal; no hay por qué repetir. Aprovechar este momento antes de que evanezca. Se ha ido generando un clima de inquietudes políticas y académicas y hay que cuidamos de caer en la celada de ocupar tiempo que debería dedicarse a resolver problemas que tocan la vida diaria del pueblo de aquí hasta septiembre, en discusiones inútiles centradas en el detalle del nuevo documento que mantiene dividido al país con los ires y venires ociosos en las redes que destruyen lo bueno acumulado y siembran confusión sobre lo que se necesita.
