La herencia previsible
La producción tiene que respaldarse con capital para adquirir materias primas y capital de trabajo. Las fuentes de financiamiento provendrán del ahorro interno o externo suficientes.
Al pueblo de Ucrania.
AMLO está preocupado por trascender. Lo ha dicho varias veces. Lo consigna en un testamento. Al entrar a la fase final de su administración más le quema la urgencia de dejar amarrada su contribución a la historia patria.
¿Qué dejará de bueno, si sus proyectos no arraigan ni fructifican? ¿Sólo la derrama de dinero que distribuyó entre 60% de la población, miles de millones de pesos… o los desordenados proyectos icónicos que emprendió? Los jefes de Estado quieren dejar su huella. Mas dejaron tres siglos de Nueva España o los edificios de Porfirio Díaz. Pero AMLO, el que prometió combatir la corrupción, nos está dejando ejemplos de derroche y lujos entre sus familiares cercanos.
AMLO podría quedar tranquilo de haber podido acostumbrar al pueblo a un disminuido régimen de vida apartado del consumismo que, pese a él, es la meta de las clases populares modernas en todo mundo. Pero la austeridad no es atractiva en ningún lugar, menos cuando la industria de la publicidad vive de inflar expectativas de consumo dando más importancia a éste que a la producción.
La visión regional y simplista de la economía de AMLO es correr contra la inercia mundial actual. El tinglado existente insiste en que el desarrollo consiste en forzar la producción de más artículos que necesidades para así mantener y aumentar el ritmo económico. Más que atender la dimensión real de las necesidades de comida, salud, educación y vivienda, su meta está en aumentar mercados.
AMLO pierde la batalla por rechazar la sociedad de consumo y desperdicio al que hoy se ven arrastrados todos los países. Prefiere la propuesta de valores y derechos que ve perdidos. La utopía del bienestar colectivo queda tan distante de una sociedad capitalista liberal como de una sociedad reglamentada sin privaciones.
Las utopías son necesarias como metas reconocidas como inalcanzables por lo que son inagotables fuentes para los movimientos sociales interminables. Todos los países que han llegado a cierto nivel de dignidad socioeconómica han pasado por la etapa del sacrificio. La estrategia de AMLO, como otras de corte izquierdista, se supone natural y aceptada por todos.
AMLO tomó la Presidencia proponiendo instalar un programa de paz y atención social incluyente y exitoso, pero nunca tomó en cuenta todo lo que era necesario para llevarlo a cabo. Esperó un proceso fluido. Sin preparación y guiado por el instinto condenó al país a la confusión. Abanderando una transformación social total nacional a la que negó los recursos financieros necesarios que desechó por confundirlos con instrumentos del capitalismo enemigo, AMLO trabó su propio proyecto.
La producción tiene que respaldarse con capital para adquirir materias primas y para capital de trabajo. Las fuentes de financiamiento provendrán del ahorro interno o externo suficientes para asegurar racionalidad en la producción.
Los resultados socioeconómicos están a la vista. La demanda exige una sociedad en constante crecimiento demográfico que excede la capacidad básica popular propia de producción que, en lugar de respaldarse, pierde a la gran empresa que es insuficiente para emplear a la totalidad del recurso de trabajo. Sigue desequilibrada la relación económica interna al proveerse de artículos extranjeros más que de los nacionales creando una segunda dependencia tecnológica financiera. Estos desequilibrios provocan frustración e inquietud social.
AMLO no ha promovido la producción para ocupar a la población que espera empleo. El pueblo está desatendido e inquieto porque los programas sociales de donativos sólo han atendido necesidades cotidianas, pero nunca al desarrollo de su potencial productivo. La quiebra financiera actual es la menor de las consecuencias. Más grave es la demolición que sembró en los servicios sociales de salud, empleo y educación. La indisciplina general sólo ha cultivado al crimen y a la violencia.
AMLO sabe que tendrá que dedicar la segunda mitad de su administración a explicar cómo su proyecto no fue de triunfos instantáneos como los que prometió, sino de brega que no rinde. Explicará por qué malgastó los escasos recursos que disponía. Por qué sus prioridades fueron tan distintas a la urgencia de hacer productivas a las ansiosas masas que creyeron en él al suponerlo apto para transformar en riqueza los problemas que describió, en estructuras que dieran ocupación y tranquilidad.
Se creía que no dejaría deudas. En realidad, la deuda externa subió en forma importante. La administración de AMLO no ha podido subir la producción del país. La proporción de importaciones y la producción física empeoraron. El país se encuentra dividido y confuso. Los retos internos y externos están sueltos, abandonados a su suerte.
Hay que empezar de nuevo. La segunda parte del sexenio es para salvar lo rescatable y trabajar la recuperación. AMLO quedó descartado.
