El aeropuerto, el TLCAN y China
Nunca he estado de acuerdo con que una mentira repetida una y mil veces se convierta en verdad. La condición de falsedad es intrínseca, y si el asunto se acaba aceptando, será porque hay deseo de que así sea o por simple pereza mental o ignorancia del engañado.
Sucede así con el asunto del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México. Llevamos décadas de oír que la actual facilidad no es funcional, que no puede atender ni más vuelos ni más frecuencias ni nuevas líneas ni ofrecer “slots” para recibirlos
También llevamos años de oír que, por estar rebasada su capacidad, hay que abandonar el aeropuerto actual, buscar una nueva ubicación para construir otro y convertirlo en uno de los más grandes del mundo, con cabida para muchos más millones de pasajeros y de toneladas de carga.
El segundo aeródromo sustituiría al primero. Esta falsa conclusión ha dado origen a expectativas de negocios inmobiliarios y de proyectos de infraestructura e ingeniería civil. Ya se prevé la especulación sobre el uso que se dará a los terrenos del aeropuerto que está por desmantelarse, y la expectación respecto a los terrenos aledaños al nuevo, cualquiera que sea. Lo que no es definitivo, empero, es que la construcción de un nuevo aeropuerto requiera la desaparición del viejo.
Seguir usando el aeropuerto antiguo y suplementarlo con otro es lo que se hace en todos los países donde la gran ciudad lo necesita. Éste, desde luego, es nuestro caso.
Nueva York cuenta con La Guardia, JF Kennedy y hasta Newark. Igualmente, Buenos Aires tiene Ezeiza, además de Aeropark; Londres con Heathrow y Gatwick; Washington con el National y el Foster Dulles; París tiene Le Bourget y Charles de Gaulle; Roma cuenta con Ciampino y Leonardo da Vinci, como también sucede en otras conglomeraciones urbanas.
En todos esos casos, el aeropuerto existente sigue en uso complementado con otro más nuevo, que bien puede encontrarse a muy respetable distancia, a veces más de una hora de camino, o bien, comunicado con el centro de la ciudad por un tren ligero. La fórmula alivia congestionamientos y reparte en varios puntos el tráfico de carga y de pasajeros que año con año crece.
Lo que llama poderosamente la atención es el grado y amplitud a la que ha llegado la discusión política sobre un asunto que en realidad es una cuestión de orografía combinada con ecología y financiamiento inteligente. La politización del tema en que se ha caído encubre aspectos técnicos ahí encerrados.
Aunque el aeropuerto Benito Juárez requiere atención en sus dos pistas que están sufriendo ciertos asentamientos, el hecho es que está cumpliendo las funciones para las que originalmente fue diseñado.
La decisión sobre la ubicación de un nuevo aeropuerto no implica el cierre del actual. Los criterios que hay que tener en cuenta son los de la aeronavegación y los ecológicos.
El caso se ha vuelto confuso. No es materia de consulta popular, más que en el caso de querer sujetarse a opinión de la comunidad rural afectada, como sucedió en Narita o en Atenco. En caso de negativa, el dilema se plantea entre expropiar o retractarse del proyecto.
El aeropuerto de la Ciudad de México es importante para la movilidad y manejo logístico de cientos de miles de pasajeros y millones de toneladas de carga. Se anuncia que el nuevo aeropuerto tendrá cuatro pistas. Pero sólo hasta 2034.
De mantenerse en funciones el aeropuerto Benito Juárez, sus dos pistas actuales acompañarían a las dos de un aeropuerto alternativo. En el caso de ser Santa Lucía, su condición militar prevalecerá sobre vuelos civiles o comerciales.
Todo este proyecto es muy importante para el comercio y el turismo, pero no al grado que la política y los medios le han dado, haciendo que de éste dependa el prestigio, hasta internacional, del gobierno saliente o del entrante.
Mucho más importante es la suerte en estos días que corren nuestras relaciones económicas, que, en realidad, son las que dan trabajo a los transportistas y a los que laboran en el aeropuerto.
La región norteamericana, de la que formamos parte, se liga cada vez más a Asia y, particularmente, a China, que aumenta su presencia en América Latina y que, mediante una buena negociación, podría aportar capital y tecnología de punta al nuevo aeropuerto.
Cuestión de saber combinar lo conocido con lo por conocer.
Consultor
