Desarrollo nacional y política exterior en la austeridad

Uno de los elementos más importantes de toda la actividad económica, científica o cultural de México está en las relaciones que mantiene con el exterior. El contacto efectivo con organismos multinacionales es indispensable

El Plan Nacional de Desarrollo que la Cámara de Diputados le aprobó al Presidente de la República el pasado 19 de junio, enumera proyectos que ya se anuncian en su libro 2018: la salida. Esa lista no constituye un plan de acción en estricto sentido y las acciones emprendidas han sido desordenadas. Por otra parte, el PND no debe verse fuera del contexto del principio de austeridad con que el Presidente quiere marcar su administración.

La aplicación de la Ley de Austeridad Republicana aprobada por el Senado, apenas esta semana, el día 3 de julio, se convierte en instrucción formal para continuar con nuevas medidas, además de las que ya han sembrado efectos devastadores en varias instituciones y organismos que venían trabajando en beneficio del país. La ley mencionada toca directamente el funcionamiento del gobierno en materia de las oficinas de representación de las diversas secretarías y entidades en el exterior. Al disponer que ninguna secretaría  pública puede tener una oficina que la represente en el extranjero. Toda actividad de esta naturaleza ha de estar concentrada en la Secretaría de Relaciones Exteriores, lo cual equivale a la desaparición de las oficinas que tiene la Secretaría de Economía en Washington, Montevideo, Ginebra, Bruselas, Tokio, Beijing, París y Hong Kong, cada una de las cuales tiene a su cargo un trabajo altamente especializado, como es la presencia de México en organismos como el T-MEC, ALADI, ONU o la OMC y otras de igual importancia.

El gobierno no se esperó a la ley para aplicar el principio de austeridad, sino que antes de su aprobación provocó la desaparición de ProMéxico y sus 46 oficinas en todo el mundo. Continuar con este criterio revela una ignorancia inaceptable de las cruciales funciones que deben ser encargadas a un personal altamente calificado, mismo que en la mayoría de los casos es producto de muchos años de experiencia, precisamente en temas muy concretos que no necesariamente coinciden con la experiencia diplomática. Dejar a nuestras embajadas o consulados semejantes tareas sobrecargaría las ya pesadas responsabilidades que están recayendo en la cancillería. Las oficinas internacionales de nuestras secretarías de Estado son necesarias.

Uno de los elementos más importantes de toda la actividad económica, científica o cultural de México está en las relaciones que mantiene con el exterior. El contacto efectivo con organismos multinacionales es indispensable, no sólo a través del intercambio de productos, servicios y tecnologías, sino en cuanto a nuestra importante contribución al éxito de las organizaciones internacionales, cuyos fines y programas suscribe México a través de sus tratados.

La posición de nuestro país en el difícil comercio exterior actual obliga a cultivar la más efectiva comunicación con los centros mundiales de decisión. Como país que requiere de fuertes inversiones del exterior necesitamos estar doblemente alertas a las condiciones en que las recibimos, como también tenemos que estar prevenidos y preparados para que nuestros productores tengan siempre el acceso abierto a los mercados extranjeros de nuestro interés.

No sólo el comercio exterior tiene que figurar como un asunto igual de importante como la educación, salud, medio ambiente, narcotráfico, derechos humanos y tecnología. Temas que están en la agenda de trabajo de los países más importantes son los que México está llamado a plantear en foros internacionales.

Existe en la administración actual, sin embargo, el error de pensar que el país puede bastarse muy bien con sus propias fuerzas y que el pueblo sabio sabrá sacar fruto y ganancia del aprovechamiento de los recursos con que cuenta o que la política interna tiene alcances para determinar la externa.

En esta materia, el presidente López Obrador, contrario a lo que anunciaba el Primer Plan Sexenal del general Cárdenas, en 1934, deja a un lado la relación con el exterior para dar prioridad a la solución de los problemas internos, todos, los cuales dice, heredó de las administraciones anteriores.

La visión aterriza en la negativa del Presidente a participar personalmente en reuniones internacionales. Su ausencia en la reciente reunión del G-20 se explicó desde la oficina presidencial como la necesidad que tiene el titular del Ejecutivo de atender asuntos internos del país. Ahí era necesaria su presencia. Se examinaron temas de alta prioridad para nosotros, como el de migración. Esto se remedió en parte con la presencia del canciller Ebrard, al que se le vio activo conversando con jefes de Estado tan relevantes, como el de Rusia, Francia y Japón.

Temas: