¿Aranceles sin límites?

La respuesta de López Obrador a esta arbitrariedad fue razonada y positiva.Una reacción visceral no habría añadido nada útil frente a un adversarioignorante de las implicaciones de sus actos.

El déficit que Estados Unidos arrastra en su comercio con México le resultaba intolerable al presidente Trump.  Desde el inicio de su mandato se pronunció en contra de acuerdos comerciales que ocasionaban pérdidas de empleos y cierre de industrias norteamericanas. Su primera clarinada de campaña fue regresar a “America First" a su merecido primer lugar. Trump pidió la revisión de condiciones a fin de introducir ajustes al TLCAN.

Las oscilantes dudas sobre el apoyo o rechazo a un nuevo tratado estorbaron el trabajo de los negociadores. La discusión sobre el sistema de solución de controversias, sobre la vigencia del tratado o las fórmulas para igualar salarios en la industria automotriz. Más recientemente vino el ajuste en la legislación laboral mexicana para conformarla a la norteamericana. 

Aclarado el campo, las perspectivas para la ratificación del TLCAN-II parecían buenas. El jueves pasado estalló la noticia de que Trump dispuso la aplicación a partir del 10 de junio de un arancel general que comenzaba con un 5% a la importación de todos los artículos procedentes de México “hasta que cese la llegada de inmigrantes desde ese país”. La medida se acompañó, primero en Twitter, y después de la Casa Blanca, de una declaración que señalaba que México no estaba actuando con la eficacia necesaria para impedir que llegaran a EU las caravanas de migrantes centroamericanos, por lo que se aplicaban aranceles que se escalarían mensualmente. El acto violatorio de todos los aspectos de legalidad corresponde a la táctica “negociadora” conocida de Trump que intenta ablandar al contrario, que ha de preferir rendirse a sufrir más de sus ataques prepotentes.

La imposición de los aranceles ha sido instantáneamente rechazada por todos los sectores económicos y políticos norteamericanos. Se encarecerían los precios indiscriminadamente de todas las importaciones, a costa de los consumidores norteamericanos. 

La respuesta de López Obrador a esta arbitrariedad fue razonada y positiva. Una reacción visceral no habría añadido nada útil frente a un adversario ignorante de las implicaciones de sus actos. Trump parece creer que la medida hará que el comprador norteamericano optará por regresar al artículo nacional. En realidad, el arancel arruinará a manufactureras que perderán competitividad comprando componentes más caros en su propio país. Los daños de la imposición de los aranceles anunciados por Trump son devastadores también para EU. La contradicción es patentemente contraria a sus intereses. 

Hay otros mercados para los productos agroindustriales e industriales mexicanos que quedan desplazados por la decisión de Trump. Las empresas mexicanas deberán aprovechar los mercados convenidos en nuestra amplia gama de tratados comerciales firmados con más de 40 países en Europa, América Latina y Asia. El gobierno mexicano de ninguna manera ha de doblegarse. Ni por honor ni por estricta conveniencia económica. La respuesta a las impertinencias insultantes y abusivas del presidente norteamericano se encuentra en la pronta sustitución de clientes que ya tenemos negociados desde hace tiempo y también en el estímulo que representa para la industria vender más en el mercado nacional. Es momento para las empresas mexicanas de asociarse con compañías extranjeras que desean entrar al mercado mexicano para producir juntos y exportar a terceros mercados.

El anuncio en estos días del programa regional, que en consulta con los países interesados ha estructurado la CEPAL, no pudiera haber sido más oportuno. Trump inclusive había ya ofrecido 10 mmdd para ser invertidos en programas de desarrollo en Centroamérica y el sureste de México. Hace sólo unos días, Alemania inclusive se manifestó por invertir también en este plan.  

Ésta es la respuesta inteligente a las crecientes olas migratorias que atraviesan México, ya que se irán asimilando tanto en EU como en México y Centroamérica con la sistemática creación de fuentes de trabajo. La demografía es una realidad y la gradual atención hará que lo que por el momento se presenta como un problema sea en verdad un reto. La migración ha sido desde siempre el provocador y catalizador del desarrollo de todas las sociedades del mundo.

La miope y altanera decisión de Trump es simplemente una medida  electorera que se le revertirá al afectar seriamente la economía de su país. Nuestra estrategia de negociación con los norteamericanos debe enfocarse en el Plan estructurado por México y la CEPAL, ya que ofrece amplias ventanas de oportunidad para nosotros y nuestros vecinos del sur. El Presidente de México tiene, a su vez, una magnífica ocasión para incluir en las nuevas estrategias que emerjan varios temas, que hará bien en revisar, de acuerdo con estas peculiares circunstancias.

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