Saborear

Def: Degustar conscientemente.

La semana aún no termina, y lo que siento es que está a nada de terminar conmigo. Por lo general me resisto, mas hoy me ha resultado inevitable encontrarme entre toda esta aglomeración de gente que se mueven como hormigas con tal de conseguir cada uno su migaja de galleta que se le ha caído al niño, estoy en un enorme centro comercial, las luces, el aire acondicionado y el ruido me hacen sentir incómoda, supongo que lo hacen para que desde el fondo de nuestro ser emerja esa vocecita interior que nos susurra compraaaaa, te sentiraaaas mucho mejoooor... Mientras me aproximo en estado hipnótico hacia un magnífico par de zapatos rojos que se destacan desde lejos en el aparador, es la voz de Marce, mi cuñada, la que me hace volver a los que traigo puestos... -Mira, ¡son iguales a los tuyos! ¿Alguna vez te haz sentido como autómata, como un robot que consume la vida sin saborearla, que contesta a un cómo estas con un convencionalismo o, peor aún, lo pregunta esperando únicamente como respuesta un simple: bien, ¿y tú ? Yo sí, y definitivamente estoy convencida de que en ese estado no percibimos la magia, aunque ésta se manifieste a cada instante. En el momento en que caemos en conciencia, la cosa cambia... -Entra tú, le digo, te espero allá, al tiempo que señalo con el dedo índice a un hombre que en medio de tanto ruido toca un hermoso chelo para promocionar su carrera musical. Me siento en el piso recargando la espalda en el helado cristal que divide a lo que supuestamente necesitas de lo que puedes o no tener. Un oasis en medio del desierto, la isla del náufrago situada justo frente a un prestigiado negocio de chocolates, me levanto, la música no deja de acompañarme mientras ordeno una enorme fresa cubierta de ese manjar que nos proporciona momentáneamente una sensación similar a la de sentirse enamorado. Regreso a aquel sitio y de nuevo me coloco con las piernas cruzadas para desenvolver aquel regalo que acabo de hacerme a mí misma. Cierro los ojos... Vivo por ella, de Andrea Boccelli... Un poema dedicado a la música y a las pasiones. Muerdo la fruta, explota y un liquido rojo se me escurre por el dedo, la textura del chocolate contrasta con el sabor y la temperatura de ese fantástico obsequio natural. Tres placeres simultáneos hacen que se me erice la piel del cuerpo, el primero me acaricia el alma a través de los oídos, el segundo hace lo suyo por medio de esos minúsculos aditamentos que tenemos sobre la lengua y, ése tercero, que es el estar consciente de la maravilla que implica el detenerte a saborear el simple hecho de existir. En este momento yo vivo por ella también, por esta fresa que, al derretirse en mi boca, me provoca deliciosos espasmos de satisfacción. Una simple fruta cubierta de una de mis sustancias favoritas y un músico que intenta subsistir perdido en la inmensidad de este conglomerado de productos de “temporada” y de descuento, se han convertido en el vehículo que requería para transportarme a mi propio paraíso. Miro a mi alrededor... El lugar es el mismo, la gente pasa apurada frente a nosotros, cómo quisiera invitarlos a que compartan conmigo este concierto, mas sitios como éste, que son a la vez tan fáciles y tan difíciles de encontrar, son espacios a los que se accede solo... Desde lejos veo la sonrisa de esa adorable mujer que camina hacia mí balanceando una bolsa de papel en la que, obviamente, no sólo lleva un envidiable par de zapatos amarillos, sino que trae todavía en la boca el sabor de la ilusión de cómo caminará por esas calles en busca de sus propios universos. Al contemplarla, algo me ha quedado muy claro... Si vamos a detenernos para sacar de la vida todo ese jugo, y lo que pretendemos es ir degustando su tan adictivo sabor, ¡mejor hacerlo sobre un par de zapatos que nos gusten!

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