El hijo no deseado
Hoy les platico de la triste conjunción de la corrupción con el crimen organizado y que de su unión se obtuvo un producto: el huachicol
No, esta columna no tiene nada que ver con temas que pudieran resultar socialmente incómodos, nunca estaré, ni tendría porque estar, en la posición de señalar a alguien bajo tal estereotipo. La entrega de hoy tiene que ver con el lamentable producto de los dos fenómenos que más nos duelen como sociedad y cuyo resultado fue una inefable obra. De lo que hoy me interesa platicarles es de la triste conjunción de la corrupción con el crimen organizado y que de su unión se obtuvo un producto: el huachicol. Así es, un vástago que nadie esperábamos y que finalmente emergió a la luz pública. Es entonces el hijo no deseado para la sociedad y para el Estado mexicano, insisto, producto de personas servidoras públicas (PSP) que se aprovecharon de sus cargos y responsabilidades para generarse beneficios económicos personales y que, para colmo, o se contactaron o establecieron una red de intereses con el crimen organizado. Lo que seguramente empezó como un negocio focalizado en alguna región pronto se convirtió en uno de grandísimas proporciones, con ingresos enormes y en donde, lamentablemente, intervinieron PSP’s de distintos niveles y órdenes de gobierno.
Siempre me he preguntado cuáles son las raíces de ese vocablo, según yo, no muy común. Pues encontré que, según algunos medios impresos, proviene del antiguo maya “waach” o “huach”, que es la palabra que se utiliza para nombrar a todas aquellas personas forasteras, ya al castellanizarse fue “huache” o “guache”; sin embargo, también en el mismo medio hacen referencia al diccionario de mexicanismos, en donde define al huachicol como algo falso o de mala calidad, de donde nace el que a alguna bebida adulterada le llamaran así. Ahora bien, y abriendo un pequeño espacio y haciendo pausa del tema que nos ocupa, en el Diccionario del Español de México, que es generado por el Centro de Estudios Lingüísticos y Literarios de una gran institución en nuestro país, El Colegio de México, por la palabra huachicol podemos encontrar tres acepciones. La primera de ellas hace referencia a un instrumento que permite bajar fruta a través de una pértiga con una canastilla en el extremo; la segunda, como la bebida hecha con alcohol adulterado, y la última, pues como el asunto que tratamos, como aquel combustible robado de los ductos que lo conducen.
En el contexto histórico, se encuentra documentado que el fenómeno inició en los años 90, cuando se detectaron las primeras tomas ilegales de Pemex, lo que, asumo, se consideró en ese momento como una situación aislada. Ya para este siglo, en sus inicios, entre 2000 y 2010 es que el robo de gasolinas se “profesionalizó” —si así puede llamarse, ya que involucró redes y complicidades dentro del propio Pemex—, llegando a representar una afectación al erario de entre 20 mil y 30 mil millones de pesos al año, dependiendo la fuente que se consulte.
Pero éste no fue el único hijo indeseado contra el cual debe de enfrentarse la administración actual, y como reza la famosa frase: Éramos muchos y parió la abuela… surgió el huachicol fiscal. Como ustedes probablemente lo sepan, es la simulación o engaño al ingresar gasolina o diesel a territorio nacional, argumentando que lo que entra son mercancías distintas, como pueden ser lubricantes, aditivos o productos químicos. Esta simulación evita el pago del Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (IEPS), también el Impuesto al Valor Agregado (IVA) y aranceles, con lo que nuevamente el Estado mexicano deja de percibir ingresos. Según el diario El País, lo que le cuesta es de más de 177,000 millones de pesos al año.
Es importante mencionar que se aprecia a través de los medios de comunicación y la información que se vuelve pública que el gobierno actualmente realiza un esfuerzo mayúsculo y está empleando todos los recursos que se encuentran a su alcance para demoler esta enorme estructura llena de ramificaciones, literalmente. El reto no debe ser menor pero los resultados ya saltan a la vista.
* En otro tema para nuestra Área Común, vale mucho la pena la última novela de Xavier Velasco, titulada Hombre al agua, retrata nítidamente la historia verídica de un hombre que se encontraba en mar abierto acompañado de su perra. Logra reflejar los momentos de introspección de una persona en una soledad absoluta.
