Morosos

Ojalá escuchemos más noticias de la Orquesta Sinfónica de Oaxaca, pero no por sus adeudosAunque la llegada del trombonista Faustino Díaz a la Orquesta Sinfónica de Oaxaca OSO no resolverá de golpe todas las carencias de esta agrupación artística, sí es una ...

  • Ojalá escuchemos más noticias de la Orquesta Sinfónica de Oaxaca, pero no por sus adeudos

Aunque la llegada del trombonista Faustino Díaz a la Orquesta Sinfónica de Oaxaca (OSO) no resolverá de golpe todas las carencias de esta agrupación artística, sí es una señal de que la autoridad cultural, que encabeza Flavio Sosa, modificó la perspectiva para abordar el problema, dejando de lado el pretexto del “rezago histórico” para, ahora sí, escuchar la palabra inconforme de los atrilistas, tal como no ocurrió con el anterior titular de Cultura, Víctor Cata, quien aseguró que él no tenía conocimiento de inconformidad alguna (Excélsior, 19/11/2024), quizá porque consideró que lo que no se ve y no se escucha, no existe.

Ojalá pronto escuchemos más noticias de la OSO, pero no por sus adeudos ni por la falta de presupuesto o de instrumentos, sino por sus logros y su presencia en los escenarios del país. Mientras tanto, toca el turno de hablar del Museo de Arte Contemporáneo de Oaxaca (MACO) —rescatado en julio de 2023 por el gobierno local y transformado en el Museo de Arte Contemporáneo y de las Culturas Oaxaqueñas (MACCO)— que no ha logrado pagar los honorarios de algunos excolaboradores, como la crítica, curadora e investigadora Ingrid Suckaer (1962), alumna de Fernando Benítez y autora de Rufino Tamayo. Aproximaciones.

Ella misma lo dio a conocer la noche del pasado jueves en su “¡Carta abierta a manera de SOS!”, en la que solicita “se atienda la deuda de 28 mil pesos de honorarios que aún me debe el Museo de Arte Contemporáneo de Oaxaca (MACO) por actividades profesionales que efectué en febrero de 2019 y noviembre de 2020”, recursos que la investigadora requiere con urgencia para solventar terapia postoperatoria, luego de enfrentar una cirugía de columna vertebral.

En la misiva, la curadora enlista los trabajos realizados (una investigación de campo, un taller sobre biografías y autobiografías, y una conferencia en torno a Rufino Tamayo, así como los montos acordados en su momento.

La investigadora explica que, como consecuencia del abrupto cierre del MACO, “los trámites de su pago quedaron varados”, así que acudió con José Luis Bustamante, entonces miembro de la Asociación Civil Amigos del MACO y, posteriormente, en febrero de 2023, sostuvo comunicación electrónica con Víctor Cata para resolver el tema, pero sólo obtuvo la siguiente respuesta: “La administración del MACO es independiente de la Seculta”.

Así que, sencillamente, dejaron a Suckaer en el limbo, al igual que a varios extrabajadores de este recinto que han sostenido una inconclusa demanda laboral. Esperemos que Flavio Sosa —quien ayer participó en la inauguración de la FIL del Palacio de Minería con un discurso en contra de la desmemoria y a favor de la cultura y del libro— atienda el llamado y resuelva los pagos que forman parte de la herencia viciada que dio origen al MACCO.

Al final, uno sigue sin entender cómo es que una administración que repite el estribillo de la seguridad social y la certeza de pago a la comunidad cultural no deja de tratar como aboneros a gestores, artistas e investigadores que una y otra vez son mal vistos por exigir la remuneración de su trabajo. ¿Falta voluntad en casos como éste o es que volveremos a escuchar el viejo discurso del rezago histórico?

  • LIQUIDACIÓN INMINENTE

Hace unas semanas informamos que las autoridades de cultura de Tlalnepantla despidieron a los 50 músicos de la Banda Sinfónica Municipal y de las orquestas de Cámara Municipal y la Sinfónica Infantil y Juvenil, agrupaciones que germinaron de manera orgánica.

Los artistas denunciaron el hecho en redes y, pese a la protesta, la semana pasada se confirmó que sólo dos jóvenes músicos sobrevivirán al recorte; el resto deberá buscar otra alternativa, mientras espera obtener una liquidación justa. ¿Quién pierde más en esta historia?

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