Empezar de cero

A simple vista, la nueva sede del SNFM parece bien hecha, aunque será necesario esperar el uso diario, las primeras lluvias y los sismos para verificar que no afloren los desperfectos.  

Claudia Curiel, titular de Cultura federal, inició una cruzada para mejorar las instalaciones de la educación artística del país, aunque de vez en cuando brotan pendientes adicionales o fallas inesperadas. Así ocurrió en el Conservatorio Nacional de Música, en la Escuela Nacional de Danza Nellie y Gloria Campobello y, ahora, en la nueva sede del Sistema Nacional de Fomento Musical (SNFM), que agrupa al Ensamble Escénico Vocal, el Coro Sinfónico Comunitario y la Orquesta Escuela Carlos Chávez (OECCh).

Está muy bien que la SC presuma la nueva sede, ubicada en la Casa Ruiz Cortines del Complejo Cultural Los Pinos, aunque en su comunicado oficial olvidó incluir que, tras la apertura, los propios integrantes de la OECCh se acercaron a Curiel para entregarle una carta en la que le expresaron su agradecimiento por las instalaciones y, al mismo tiempo, le enlistaron otros requerimientos que se deben atender con urgencia.

Los propios músicos lo expresaron así: “Para que un espacio tan extraordinario pueda cumplir cabalmente con su propósito es indispensable dotarlo de herramientas que permitan un desarrollo óptimo. Como alumnos, nos enfrentamos día a día a una alta exigencia técnica y artística. Por ello, nos acercamos a usted con el fin de exponer una serie de necesidades prioritarias en cuanto a materiales, herramientas e instrumentos. Esto es fundamental para asegurar que nuestro crecimiento académico siga siendo digno del prestigio que la OECCh ha consolidado hasta la fecha”.

La lista incluye varios puntos, desde la falta de un piano de concierto, de un arpa, un piccolo, un clarinete requinto y trompetas rotativas hasta insumos de mantenimiento general (Excélsior, 19/05/2026), lo que cada quien podría ver como un vaso medio lleno o medio vacío.

A simple vista, la nueva sede parece bien hecha, aunque será necesario esperar el uso diario, las primeras lluvias y los sismos para verificar que no afloren los desperfectos, como goteras o edificación deficiente, aunque de acuerdo con el arquitecto José Allard, encargado de los trabajos, que tuvieron un costo de 30 mdp, el inmueble podría tener una vida útil de hasta tres décadas. Ojalá.

Otro aspecto que aún queda a deber la SC en el caso de este edificio es la sanción que impondrá a la empresa Grupo Offshore, que en 2023 se comprometió a realizar estos trabajos, con un costo de 16 millones de pesos, mismos que no se concretaron adecuadamente, lo que derivó en un procedimiento jurídico para rescindir el contrato. 

El propio Allard —que lleva los trabajos del Plan Integral de Renovación de las 39 escuelas de arte y cultura en todo el país— me comentó que, al parecer, la empresa no hizo un diseño adecuado de los espacios y no entregó los avances de obra en tiempo y forma. Meses después, él mismo retomó las obras, pero tuvo que empezar el proyecto de cero. De momento, Marina Núñez Bespalova, subsecretaria de Desarrollo Cultural, aseguró que aún no es posible informar al respecto, porque el caso sigue un trámite jurídico.

URGE DECLARATORIA

Esta semana, habitantes de Texcoco exigieron que el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), que dirige Joel Omar Vázquez, emita una declaratoria de zona de monumentos artísticos, históricos y arqueológicos en la región, con la idea de preservar los vestigios que aún quedan, en particular espacios como la zona arqueológica Tetzcotzinco, el Caño Quebrado y el predio Los Ahuehuetes, donde se edificaron locales comerciales pese a que la autoridad lo declaró “sitio de interés patrimonial”.

Llama la atención que el INAH no haya emprendido la defensa de estos lugares, sino que fuera la propia comunidad la que, incluso, ha tramitado recursos jurídicos con particulares para defender estos espacios patrimoniales. ¿No es acaso obligación del Estado?