Cuidados paliativos

De manera inesperada, un grupo de trabajadores de la empresa Arquiarte empezó a trabajar esta semana en la Fuente de Belén, en Chapultepec, supongo que con el aval del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), para darle, ahora sí, una manita de gato a este monumento histórico del siglo XVIII, que luce abandonado desde hace varias décadas. 

Aún no difunden el proyecto a detalle, pero lo que me han comentado es que los trabajos considerados en una primera etapa —vaya usted a saber si la segunda fase llegará para el Mundial de Futbol, pero de 2030— incluyen una limpieza superficial y, sobre todo, tratar de atenuar la obscena grieta que atraviesa uno de sus flancos.

Así que, en esencia, sólo se le aplicarán cuidados paliativos para darle una imagen menos deteriorada a esta fontana que se ha convertido en uno de los símbolos del descuido de los monumentos históricos en la capital.

Otro emblema de ese olvido, y lo sabe usted que transita por el Paseo de la Reforma, es el basamento del Conjunto Escultórico de Cristóbal Colón que —pese a los retoques que se han implementado en la Ciudad de México, ante la ola mundialista— no se benefició de las buenas intenciones ni de las peticiones para detener su deterioro, negociar su retiro o determinar su traslado que, según Diego Prieto, extitular del INAH, primero sería al Parque América, en Polanco, y, luego, al Museo del Virreinato.

Me gustaría mencionar la versión del actual titular del INAH, Joel Vázquez Herrera, pero no es posible hacerlo porque a estas alturas de su gestión ni siquiera se ha pronunciado sobre el tema. Mientras tanto, dicho basamento se mantiene como un polvorón del patrimonio que se suma a una larga lista de abandonos y trabajos inacabados, como ha ocurrido con el Templo de la Santa Veracruz y los sitios arqueológicos Caño Quebrado y Ahuehuetes Tetzcoco, en Texcoco, por mencionar algunos.

Pero volviendo a la Fuente de Belén —también conocida como Garita de Belén, construida entre 1755 y 1760 e incluida en el Catálogo Nacional de Monumentos Históricos Inmuebles del INAH—, sabemos que acumula daños significativos desde hace 40 años, es decir, desde el sismo de 1985, registrando fracturas, hundimientos diferenciales y deterioro en su cantería.

Incluso, en agosto de 2025, el INAH dijo que había “una propuesta preliminar” para reubicar la fuente y que, con el fin de evitar los mencionados hundimientos, se consideraría su reestructuración y restauración, así como mejoras importantes en la imagen urbana de su contexto inmediato. La realidad es que los trabajos en marcha no consideran nada de esto y sólo apostarán a una intervención superficial para evitar una mala apariencia. Ni hablar.

ENROQUE

Pronto se anunciará de manera oficial el nuevo edificio que ocupará el Salón de la Plástica Mexicana (SPM) pues, como usted sabe, el pasado 30 de abril se cumplió el plazo para que dicho foro expositivo abandonara su antigua sede (en Colima 196, colonia Roma Norte), debido a la fuerte alza en la renta del espacio, que pasó de 46 mil 064 pesos mensuales, en 2010, a 236 mil 872 en 2025 (Excélsior, 11/04/2026).

Al parecer, si todos los arcanos se alinean, la nueva sede del SPM se ubicará en la calle de San Ildefonso, número 60, en el inmueble del Centro Histórico que hoy aún ocupa el Centro Nacional de Conservación y Registro del Patrimonio Artístico Mueble (Cencropam).

La expectativa del INBAL, que dirige Alejandra de la Paz, es que los trabajadores del Cencropam se muden a la Bodega Nacional de Arte, en Chapultepec, antes de que concluya el mes de junio próximo y, entonces, se iniciará un proceso de adecuación para habilitar el nuevo SPM, que tardará algunos meses. Sólo esperemos que, de último momento, el INBAL no cambie de opinión y decida acondicionar el inmueble como simple espacio para oficinas.