Caminar a ciegas
Una tarde de noviembre de 2012, José Emilio Pacheco 19392014 aceptaba lo imposible que es detener un cuerno de chivo con un soneto. Sin embargo, mantenía la esperanza de que, si una persona leía poesía, difícilmente se convertiría en torturador o sicario. Más de ...

Juan Carlos Talavera
Vórtice
Una tarde de noviembre de 2012, José Emilio Pacheco (1939-2014) aceptaba lo imposible que es detener un cuerno de chivo con un soneto. Sin embargo, mantenía la esperanza de que, si una persona leía poesía, difícilmente se convertiría en torturador o sicario.
Más de siete años después, es claro por qué la poesía sigue siendo el género literario menos vendido y, en consecuencia, el origen de esa monstruosidad en forma de violencia no ha perdido su capacidad de asombrarnos.
Aquel mismo año, algunas asociaciones civiles registraban el impacto de la violencia en los municipios de Acapulco y Tampico y en los estados de Tamaulipas, Michoacán y Morelos, con cifras al alza en homicidio, secuestro, violación, robo y extorsión. Entonces, alguien imaginó que aquel monstruo también podría combatirse desde la cultura.
La idea fue llevada al discurso ese mismo 2012 por Rafael Tovar y de Teresa (fallecido en 2016), entonces titular de Conaculta y primer secretario de Cultura, y por María Cristina García Cepeda, titular de Bellas Artes y sucesora de Tovar. Ambos desarrollaron la tesis de la “recomposición del tejido social” y de los programas Cultura para la Violencia y Cultura para la Armonía.
Hoy sabemos que todo eso sólo fue una carta de buenas intenciones que se firmó en 2013, sobre la espalda de Alejandra Frausto Guerrero, entonces titular de la Dirección General de Culturas Populares (DGCP). Sí, la actual secretaria de Cultura.
Durante los siguientes años, esa tríada de funcionarios encumbró sus resultados, desde los cientos de colectivos de teatro, coros y de fotografía en estados como Michoacán, Guerrero, Estado de México y Tlaxcala.
También le daban fuerza al Sistema de Fomento Musical (SFM), crearon el colectivo teatral de la Casa Xochiquetzal, en La Merced, para mujeres de la tercera edad y sexoservidoras en retiro (¿aún existe?), y con voz de megáfono anunciaron, en Tijuana, La Techumbre, un espacio para atender a migrantes deportados. Sí, los mismos que hoy combatimos en la frontera sur.
La lista de programas fue inmensa, pero caminaron a ciegas y no pasaron de las buenas intenciones. Oportunamente, Frausto prometió resultados de Cultura para la Armonía al final del sexenio, pero adelantaba que en sólo un año habían atendido a más de 80 mil personas en 120 municipios, en colaboración con el Programa Nacional para la Prevención Social de la Violencia y la Delincuencia y la Cruzada Nacional contra el Hambre.
En diciembre de 2017, Alejandra Frausto abandonó la DGCP y se olvidó de toda armonía y cultura, mientras las dependencias federales se sumergían en la emergencia del 19 de septiembre.
Un año después, Frausto Guerrero volvió renovada y se convirtió en secretaria de Cultura para recetar la misma fórmula, pero ahora bajo el signo de Cultura Comunitaria, programa prioritario que atendería a 720 municipios de alto riesgo, enfocados en comunidades con un alto índice de violencia… y prometió que en abril de 2019 abriría una plataforma con los resultados. Bueno, eso tampoco sucedió.
Seguramente, los resultados de su novedosísimo programa —que sólo ha brillado por el atraso en los pagos y el uso de outsourcing— estarán listos al final del sexenio. Mientras tanto, ella recorre el país y camina a ciegas, con presupuesto público, bordeando el río de la violencia “sin esfuerzo, sin precipitación, mientras la muerte continúa en nosotros su rumiar, su soliloquio ininterrumpido”, tal como alguna vez escribió E.M. Cioran (1911-1995).
APUNTE EFÍMERO
Los integrantes de la Comisión de Cultura de la Cámara de Diputados están más preocupados por su seguridad que por la productividad legislativa, así que han solicitado una charla con integrantes de la Coordinación Nacional Antisecuestro para estar cuidados y protegidos en su vida personal y familiar. ¡Enhorabuena!