Almadía
No se olvide que este sello recibe recursos públicos para fortalecer sus proyectos y eso le imprime una responsabilidad social.

Juan Carlos Talavera
Vórtice
La escritora colombiana Carolina Sanín denunció hace una semana que la editorial Almadía, que dirige Guillermo Quijas, decidió romper un contrato para publicar dos de sus libros (Somos luces abismales y Tu cruz en el cielo desierto), debido a sus opiniones (polémicas, sí, pero ni tan recientes) sobre política identitaria.
Nadie duda que Almadía y sus editores pueden publicar lo que gusten, postergar algún lanzamiento o rectificar cualquier contrato si lo consideran políticamente correcto o no, según el evangelio de sus ideas. No hay ningún problema con eso y ahí está su catálogo, que habla por sí mismo, con libros imperdibles y revisitables como la antología 25 minutos en el futuro. Nueva ciencia ficción norteamericana, compilada por Bef y Pepe Rojo; El libro mayor de los negros, de Lawrence Hill; Una historia de la lectura, del imprescindible Alberto Manguel; la deslumbrante prosa de Gonçalo Tavares y de Samanta Schweblin, y sus clásicos: Bernardo Esquinca, Guillermo Fadanelli, Francisco Hinojosa, Leonardo Da Jandra, entre muchos más.
Lo que asombra es el trato despectivo que el sello propinó a la autora, así como la falta de compromiso con sus lectores. Porque, en la arena del debate público, su silencio resultó tan incómodo como sorprendente. Imagino que sus editores subieron a su embarcación y, mientras el mundo ardía, se trasladaron a un lugar más seguro y aséptico, ahí donde nadie pudo acercar la lista de las preguntas incómodas.
¿Cuándo y cómo se tomó la decisión?, ¿con base en qué elementos?, ¿por qué no se informó a los lectores antes ni después del anuncio que hizo la escritora?, ¿descubrieron las opiniones de Sanín hasta 2022?, ¿ése es el trato que brinda una editorial independiente y profesional a quienes opinan distinto?, ¿qué mensaje envían a los lectores de Almadía que no coinciden con su decisión?, ¿les importan esos lectores o son algo intrascendente para el negocio?
Porque, a una semana de la vorágine, lo único visible en el horizonte es la brisa de la indiferencia. Y, aunque por aquí pasen los especialistas a dictar cátedra de lo que una empresa editorial puede o no hacer, no se olvide que este sello de portadas imperdibles a menudo recibe recursos públicos para fortalecer sus proyectos y eso le imprime, a mi entender, una responsabilidad social.
Por ejemplo, a partir de 2023, la Feria Internacional del Libro de Oaxaca recibirá tres mdp del presupuesto de egresos de Oaxaca, según lo comentado por el propio Quijas (Excélsior, 31/10/2022), sumado a los recursos del Profest de la SC federal, para garantizar un fondo base para dicho encuentro que, en los últimos años, ha enfrentado recortes.
CENTRO SCOP
El Presidente anunció el pasado 9 de noviembre, en la mañanera, que Jorge Arganis Díaz, aún titular de la Secretaría de Infraestructura, Comunicaciones y Transportes (SICT), dejará pronto el cargo y será comisionado para recuperar el Centro SCOP, que preocupa por su abandono.
“Anda enfermo el ingeniero Arganis, que lo queremos mucho; entonces, esto nos lleva a que se dé este cambio para no detenernos. Como afortunadamente está saliendo el ingeniero, poco a poco, y no queremos que se quede inactivo, va a ser asesor en Presidencia y va a hacerse cargo de la reconstrucción del Centro SCOP… donde estaba la Secretaría de Comunicaciones, los murales, ahí vamos a reconstruir y él se va a hacer cargo del proyecto”, expresó el mandatario.
Ojalá que el ingeniero Arganis tenga el ánimo para iniciar muy pronto el proyecto de rescate del Centro SCOP, espacio que aguarda su declaratoria de Monumento con valor artístico y que se podría convertir en un centro cultural de grandes dimensiones, aunque aún se desconocen los detalles del citado proyecto.