Acceso (I) limitado
La plataforma virtual Contigo en la Distancia ofrece mil opciones para acercarse a la cultura

Juan Carlos Talavera
Vórtice
La curiosidad me acerca a la plataforma virtual Contigo en la Distancia, ese ejercicio con el que la secretaria de Cultura, Alejandra Frausto Guerrero, garantiza a los mexicanos su derecho de acceso a la cultura en tiempos de la COVID-19.
Nos informa que hay mil opciones y sí, su concentrado es interesante, pero hay un problema: en México 50 millones de personas no tienen acceso a internet o a algún sistema que los vincule a esta oferta y, seguramente, tampoco tienen biblioteca alguna en casa.
¿Cómo garantizar los derechos culturales de esos mexicanos? ¿Quién piensa en ellos? ¿O su derecho está limitado a revivir partidos de futbol y programas de recetas donde ni siquiera se cocina mole con guajolote?
Mientras alguien responde, se puede explorar esa plataforma que ostenta el nombre del bolero creado por el cubano César Portillo de la Luz, que cobró fama con Luis Miguel. La ruta nos lleva a la Biblioteca Virtual de México, donde hay algunos archivos, como la fotografía de Carlos Monsiváis niño, vestido de indígena; y otra donde juega dominó durante el rodaje de la cinta En este pueblo no hay ladrones.
El acceso es limitado y no incluye detalles de los fondos Alí Chumacero, Antonio Castro Leal o Jaime García Terrés… ¿Qué diría Monsi sobre el ocio en los tiempos del COVID-19 frente a la soledad de nuestras pantallas?
El apartado más voluminoso es México en libros, donde se apilan cientos de volúmenes en formato e-Pub. En esa exploración valdría la pena tropezar con Castillos en el aire y otros textos mordaces, de Francisco Zarco, quien define el sentir del mexicano frente a la burocracia legal y describe su concepto de pueblo:
“El pueblo es el pretexto constante de las ambiciones, de los errores y de los crímenes que deshonran a la sociedad… El pueblo es en boca de tribunos codiciosos un ídolo ante quien se prosternan hipócritas para ser ensalzados. Y el pueblo sólo es engañado y explotado por los tribunos…”. Caray, también nos falta un Francisco Zarco.
Existen muchos libros más, como El son del corazón y La sangre devota, de Ramón López Velarde; Cuentos de espantos y novelas rústicas, de Manuel José Othón; Clemencia, de Ignacio Manuel Altamirano… los cuales no se promocionan en las redes sociales de Frausto ni de Lucina Jiménez. Por cierto, debería aclararse que todos estos volúmenes digitales son herencia de la administración pasada, la de Rafael Tovar y de Teresa.
Y, salvo algunos libros del Fondo de Cultura Económica (FCE), no se aprecia un impulso del mundo digital ni los frutos del cerebro bibliotecario y cultural que, desde agosto pasado, trazaron Marx Arriaga y el ausente José Mariano Leyva. Tampoco vemos el mapeo vivo que las autoridades han construido en los últimos 15 meses.
Es tarde y no me atrevo a explorar el resto de la plataforma. Soy alérgico a las sopas de letras, a los rompecabezas y casi nunca termino los recorridos virtuales, sin importar que sean de la actual o de la pasada administración, como En esto ver aquello. Octavio Paz y el arte.
Este breve recuento pudiera servir para que las autoridades culturales replanteen, en parte, la visión de sus proyectos y revisen sus milpas, telares, tequios, misiones y semilleros creativos para dedicarle más recursos al terreno digital y dotar de acceso a quienes no lo tienen, pues, en momentos extremos, es la herramienta más accesible.
Mientras tanto, este encierro obligado nos deja dos opciones para ejercer nuestro soñado acceso a la cultura: observar cómo Alfonso Suárez del Real se convierte en un fallido youtuber, con su sección Mira lo que me encontré; o quedarnos con el festival virtual Contigo en la distancia, ampliamente promocionado en redes, al que volverán Ely Guerra y Eugenia León. ¿Faltó Mon Laferte?