Trata de personas

Los grupos desplazados, como refugiados, migrantes y personas internamente desplazadas son especialmente vulnerables a este flagelo.

La trata de personas es un delito que afecta a millones en todo el mundo. Implica la explotación de individuos con fines de trabajo forzado, explotación sexual, servidumbre o extracción de órganos.

La trata de personas es un problema global y uno de los delitos más vergonzosos y denigrantes; al privar de su dignidad a millones de personas, los tratantes engañan a mujeres, hombres y niños de todos los rincones del planeta, sometiéndolos diariamente a situaciones de abuso.

El Informe Global de la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC) 2022 sobre trata, señala cuáles son los países con índices altos: Tanzania, Kenia, Camboya, Filipinas, Bolivia, Chile, Colombia, Francia, Uzbekistán, Tailandia, Birmania, Ucrania, Reino Unido, Ghana, Líbano, República Popular China y Estados Unidos.

El informe revela que 28 millones de personas son víctimas de este delito y que en la pandemia por covid-19 se detectaron menos casos de trata debido al cierre de espacios públicos y restricciones, lo que dificultó la identificación de las víctimas, que sólo al escapar de sus plagiarios fueron, y son, detectadas.

Las señales de alerta que podrían indicar que alguien es víctima de trata son:  sentir miedo de hablar sobre su estatus migratorio debido a amenazas o coacción. No hablan el idioma local, pues la dificultad para comunicarse puede ser un signo de que están siendo controladas, es común que no reciban la remuneración prometida al tener restricciones en su acceso a dinero. Están limitadas en redes sociales, para no tener contacto con familiares o amigos y muestran signos visibles de coacción en cuerpo y cara, esto podría incluir marcas, lesiones o expresiones de miedo. Las víctimas pueden repetir respuestas o frases sin variación.

La trata de personas es un crimen atroz que afecta a millones de personas en todo el mundo. Los grupos desplazados, como refugiados, migrantes y personas internamente desplazadas son especialmente vulnerables a este flagelo.

La explotación sexual prevalece en mujeres y niñas, mientras que los trabajos forzados afectan más a hombres y niños. Los casi 300 mil delincuentes de este delito tienen en la mira a los desplazados al enfrentar una combinación de vulnerabilidades: pérdida de empleo, falta de acceso a educación y exposición a entornos violentos.

Los traficantes se aprovechan de su frágil situación, reclutándolos en redes sociales, utilizando la suplantación de identidad y ofreciendo falsas oportunidades en sectores como construcción, agricultura, pesca, minería y servicios domésticos. Las personas son engañadas o coaccionadas para aceptar estos trabajos, y a menudo se les retiene su documentación para mantenerlas atrapadas y explotadas sexualmente al obligarlas a prostituirse, a menudo desde una edad temprana. Este atropello sexual también puede incluir la producción de pornografía, el turismo sexual y la trata con fines de matrimonio forzado.

Las redes sociales tienen un papel significativo en su propagación, al utilizar plataformas en línea para apuntar y reclutar víctimas.

Según la ONG Polaris, la captación en línea aumentó 22% durante el confinamiento debido a la pandemia e informa que Instagram y Facebook destacan como medios de captación; Telegram tiene una aplicación de mensajería que se ha convertido en un refugio para redes de trata y pornografía.

Aunque las redes sociales ayudan a los traficantes a reclutar víctimas, también deben ser utilizadas por investigadores para perseguir a los responsables.

La trata de personas afecta profundamente a la sociedad contemporánea erosionando la dignidad humana y exige una respuesta global para prevenir, proteger y perseguir a los responsables.

Es fundamental crear conciencia sobre este tema y trabajar en la prevención, protección y persecución de quienes perpetúan este crimen. ¿O no?, estimado lector.

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