Mujeres

Desde pequeño viví y conocí las actitudes y conductas virtuosas de muchas mujeres.

Tiempos de mujeres, hemos dicho y hemos sostenido; la presidenta Claudia Sheinbaum lo menciona reiteradamente en sus intervenciones públicas, exaltando siempre el valor, el esfuerzo, el carácter y la determinación con que las mujeres del país se han enfrentado a múltiples adversidades que la vida les ha impuesto: ser madres de familia para impulsar a todos sus hijos en la escuela y en su preparación para ser personas que sepan enfrentar los retos de la vida, es la constante permanente de todos los días, y ser estudiosas en las distintas disciplinas que existen en su formación y equipamiento cultural, para lograr ser buenas y exitosas profesionistas que sepan incursionar en los diferentes ámbitos profesionales, cumpliendo escalonadamente sus metas y sus sueños, es tarea permanente.

Y ya profesionistas, con todos los avatares que las circunstancias de la vida les impuso, superadas con voluntad férrea, incursionan con gran profesionalismo e inteligencia en los caminos que se han trazado.

Desde pequeño viví y conocí las actitudes y conductas virtuosas de muchas mujeres: mi madre Yolanda (q.e.p.d.), a quien le debo la vida y formación desde el hogar; mi maestra Margarita, en sexto año de primaria, gracias a quien logré ganar el concurso de excelencia académica La Ruta Hidalgo, que me permitió, junto con los ganadores de todos los estados de la República, conocer como premio y estímulo todos los lugares que el libertador Miguel Hidalgo recorrió para lograr la Independencia de nuestro país.

Así estudié mi bachillerato en la Preparatoria Número 6, Antonio Caso, de la UNAM, en Coyoacán, donde vivía Ifigenia Martínez (q.e.p.d.), talentosa mujer académica y directora de Escuela Nacional de Economía de mi alma mater, a quien tuve el gusto de conocer por mi padre José (q.e.p.d.), en virtud de que ambos fueron candidatos a diputados federales: Ifigenia por Coyoacán y mi padre por Gustavo A. Madero. Así surgió una relación amistosa; como coordinador juvenil en su campaña, conocí a José López Portillo, candidato a la Presidencia de la República, a quien le pedimos que fuese padrino de la generación de bachilleres de la generación 74-76, que tuve la distinción de presidir. Por ello, a la maestra Ifigenia siempre le agradecí esta experiencia, y al paso de los años tuvimos oportunidad de reconocerle, desde la Legión de Honor Nacional de México, su espléndida trayectoria académica y política, así como los servicios otorgados a la nación.

Abogado y apasionado de la cosa pública, recuerdo que coordinaba el Consejo de Participación Ciudadana de la PGR, donde conocí a Marisela Morales, de Siedo, posteriormente la primera procuradora general de la República, a quien le ayudé en sus relaciones con la Sociedad Civil. Marisela fue distinguida como una de las 10 mujeres más destacadas del mundo, junto con la señora Michelle Obama y Hillary Clinton. ¿Qué decir de Lorena Martínez Rodríguez, procuradora federal del Consumidor, que me invitó a ser su delegado metropolitano de la zona Oriente y presidente del Consejo Consultivo de Consumo de la CDMX? Otra mujer con sobrado talento, de la que aprendí mucho.

Así, mi vida profesional me ha permitido conocer y compartir proyectos con mujeres excepcionales. Mencionaré sólo a algunas por el reducido espacio… Bertha Rodríguez Sámano, primera líder del sindicato que agrupa a casi 40 mil académicos de la UNAM; Leoba Castañeda, primera mujer directora de la Facultad de Derecho, y la actual directora, Sonia Venegas Álvarez; Ernestina Godoy Ramos, consejera jurídica de la Presidencia de la República, a quien traté por mi liderazgo en la abogacía. Esto y mi experiencia profesional y académica en la UNAM fueron determinantes para que el Congreso Legislativo de la CDMX me eligiera como consejero ciudadano de la Fiscalía General de Justicia. Y por la realización anual del Día del Abogado, conocí a la presidenta de la República, Claudia Sheinbaum Pardo, entonces jefa de Gobierno de nuestra gran Ciudad de México. Mujeres talentosas todas. ¿O no, estimado lector?

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