Juárez

Su oposición al tratado de Guadalupe-Hidalgo, por el que México perdió vastas zonas de su territorio en favor de EU, encontró cauce en las filas liberales y en la defensa de un proyecto federalista. Sin embargo, los conservadores lograron, una vez más, hacerse del poder en 1853.

Un día 18 de julio de 1872 falleció el presidente Benito Juárez, niño zapoteco ávido por aprender, hombre sensible ante la pobreza y la desigualdad de México, defensor de la libertad y la justicia, creador de instituciones jurídicas que impulsaron la educación laica y gratuita.

Presidente de la República entre 1858 y 1872. Tras un periodo de tres décadas en que el conservador Antonio López de Santa Anna había dominado la vida política del país, Benito Juárez se esforzó en llevar a la práctica el ideario liberal, impulsando leyes para hacer efectiva la reforma agraria, la libertad de prensa, la separación entre la Iglesia y el Estado y la sumisión del Ejército a la autoridad civil.

Su oposición al tratado de Guadalupe-Hidalgo, por el que México perdió vastas zonas de su territorio en favor de Estados Unidos, encontró cauce en las filas liberales y en la defensa de un proyecto federalista. Sin embargo, los conservadores lograron, una vez más, hacerse del poder en 1853, acaudillados por el general López de Santa Anna, Juárez se vio obligado a exiliarse en Cuba.

Al cabo de dos años, regresó y se adhirió al Plan de Ayutla, entre cuyos firmantes estuvieron los generales Villarreal, Comonfort y Álvarez; en la presidencia de Ignacio Comonfort fue ministro de Justicia, donde promulgó una serie de leyes que restablecieron las libertades de enseñanza, imprenta, trabajo, anulando las prerrogativas del clero y el Ejército.

Su labor modernizadora topó con inmensas dificultades: la reacción conservadora dio lugar a la Guerra de Reforma y los problemas económicos motivaron el impago de la deuda y la intervención francesa en México. No menos convulsos fueron sus últimos años y las deserciones surgidas de su propio partido llevarían, tras su fallecimiento, a la longeva dictadura de Porfirio Díaz.

Así, expresó el célebre apotegma universal: “Entre los individuos como entre las naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz”.

Expresión que reflejó el triunfo por el derecho de nuestras convicciones de libertad y autonomía frente a las recurrentes prácticas intervencionistas del Imperio, el partido conservador, la Iglesia y las potencias de la Europa Occidental, que se solidarizaron en esa época con Francia.

Manifiesto de Juárez donde anunció “la restauración de la República, la búsqueda de la paz y el progreso sin odios ni rencores para nadie”, y donde reconoció y agradeció la compañía de las repúblicas americanas para combatir la intervención monárquica, cuyo propósito fue derribar el régimen republicano.

Juárez dio garantías secularizadas, todas de corte liberal, cuidando no ofender y no lastimar las relaciones con las potencias europeas, aun y a pesar de que desconocieron su gobierno con el único propósito de provocar, “en circunstancias oportunas, la celebración de nuevos tratados bajo condiciones justas y convenientes, con especialidad en lo que se refiere a los intereses del comercio”, refiere Daniel Cosío Villegas.

En política exterior, Benito Juárez impulsó el principio de “no intervención”, regla de oro en los países que se precian de ser democráticos y que, junto a la de “libre autodeterminación de los pueblos” y “solución pacífica de los conflictos”, constituyen las bases y eje de nuestra tradicional política diplomática. La Doctrina Estrada la acuñó agregando el reconocimiento a los gobiernos de “que cada Estado soberano decida”, siendo los cuatro pilares fundamentales que dan sustento a la actual diplomacia mexicana impulsada por el canciller Marcelo Ebrard.

Hombre de leyes, libró los ataques de sus enemigos conservadores, pues, con secreto estoicismo de indígena zapoteca, venía soportando una serie prolongada de disfunciones cardiacas. Tras su muerte, el Congreso lo declaró Benemérito de la Patria y el de Colombia Benemérito de las Américas.

Ejemplar vida, ¿o no, estimado lector?

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