Inversiones
No es casualidad. La reconfiguración geopolítica mundial ha puesto a México en la mira de múltiples industrias: somos el vecino del norte con mayor ventaja comparativa, y la relocalización (nearshoring) es una realidad que ya no se discute, se vive.
La presidenta Claudia Sheinbaum dio el banderazo para instalar 15 Polos de Desarrollo para el Bienestar (Podebis) en puntos estratégicos de la geografía nacional.
Éstos consisten en polígonos delimitados territorialmente que cuentan con las condiciones para atraer inversión y potenciar capacidades productivas, con el objeto de pivotear el desarrollo económico, social y cultura de las comunidades.
La palabra “inversiones” para un mejor “futuro” del país es fundamental, y lo es para el gobierno federal al impulsar los llamados Polos de Bienestar al fijar —literalmente— un rumbo cierto. En palabras del secretario de Economía, Marcelo Ebrard, se trata de zonas estratégicas que concentrarán estímulos fiscales, condiciones logísticas favorables y un marco institucional diseñado para que las inversiones extranjeras que están llegando —y las que están por venir— encuentren en México un lugar que les otorgue garantías para arraigar sus empresas.
No es casualidad. La reconfiguración geopolítica mundial ha puesto a México en la mira de múltiples industrias: somos el vecino del norte con mayor ventaja comparativa, y la relocalización (nearshoring) es una realidad que ya no se discute, se vive. El reto ahora es saber encauzarla.
Los Polos de Bienestar no surgen de la improvisación. Se alinean directamente con el Plan México, que identifica sectores clave para el desarrollo económico del país: agroindustria, aeroespacial, automotriz y electromovilidad, farmacéutica, dispositivos médicos, electrónica, semiconductores, energía, química y petroquímica, bienes de consumo, textil y calzado, y economía circular. En otras palabras, no sólo se busca atraer capital, sino capital inteligente, aquel que genera conocimiento, tecnología, empleos bien remunerados y transferencia de capacidades.
El diseño atractivo de los incentivos fiscales —deducciones al 100% en ISR, y estímulos adicionales de hasta 25% cuando se invierte en capacitación para la innovación— revela una intención doble: atraer inversión y formar talento. Es decir, no basta con traer e instalar fábricas, hay que sembrar conocimiento, como parte del Plan México.
Importante es destacar que será una política pública de Estado, para garantizar su cabal funcionamiento, esto es, al insertarlo en el Plan México, el gobierno en sus tres niveles tiene definida la “Ruta de Navegación”. Porque lo cierto es que México no sufre de falta de ideas, sino de continuidad. Hemos visto proyectos que nacen con entusiasmo y mueren con los cambios de administración. Anclar, en este contexto, también significa proteger del oleaje político y evitar naufrague en el cortoplacismo, tan común en nuestro país.
Y luego está el componente humano. Preparar a nuestras comunidades para esta transformación, nuestras universidades están listas para conectar su oferta con estas nuevas vocaciones regionales, de ahí la necesidad de un diálogo real entre los centros de innovación, ¿la industria y el sector público? La infraestructura física es clave, sí, pero la infraestructura social y educativa es igual o más determinante.
Marcelo Ebrard ha mostrado, una vez más, su capacidad para traducir grandes agendas globales en acciones locales concretas. Pero como en todo proyecto de gran escala, el éxito no depende sólo del anuncio, ni del funcionario que lo encabeza. Depende de su apropiación territorial, del respaldo institucional y de que logremos alinear nuestras capacidades internas con las oportunidades externas.
En un país con tantas desigualdades regionales, instalar los polos de bienestar es pensar en puntos de partida, no sólo para atraer inversión, que va de la mano con el crecimiento y bienestar de los mexicanos. Sólo así, anclaremos el futuro nacional, ¿o no, estimado lector?
