Fanatismos

En Europa, las peores tasas de muerte por arma de fuego las tienen Irlanda y Francia, pero siguen siendo cinco veces más bajas que en Estados Unidos, donde sus habitantes están enloqueciendo, influidos por las drogas y el fanatismo yanqui, matando gente en escuelas, cines, estadios, centros comerciales, restaurantes, plazas públicas, etcétera.

A nuestros vecinos del norte les caracteriza un fanatismo que deviene de su escasa cultura académica, por ello son víctimas de la discursilería de líderes políticos o religiosos banales. Se apasionan con facilidad y de manera desmedida por sectas o clubes religiosos, políticos, raciales, deportivos o de novedosos estilos de vida. A esto podemos agregar que la industria de la guerra es el mejor y mayor negocio de Estados Unidos.

Su historia colonizadora de países, preferentemente productores de petróleo y de uranio, permite la fabricación de armas y su venta como algo intrínseco a su cultura. La Asociación Nacional del Rifle (NRA), con cinco millones de socios, surgió en 1871 como una organización de usufructuarios de armas; ésta apoyó a Trump con 30 millones de dólares para llegar a Washington.

Los estadunidenses son el 5% de la población mundial, pero poseen casi la mitad de todas las armas civiles. En Estados Unidos hay 89 armas por cada 100 personas, según datos del Small Arms Survery, le siguen Suiza, con 46, y Finlandia, con 45.

El periodista Kiko Llaneras, en su interesante artículo publicado en El País, mencionó la probabilidad de morir a tiros en Estados Unidos, que es 24 veces mayor que en España, y 100 veces mayor que en Japón. En Europa, las peores tasas de muerte por arma de fuego las tienen Irlanda y Francia, pero siguen siendo cinco veces más bajas que en Estados Unidos, donde sus habitantes están enloqueciendo influidos por las drogas y el fanatismo yaqui, matando gente en escuelas, cines, estadios, centros comerciales, restaurantes, plazas públicas, etcétera, como si estuviesen filmando películas del Viejo Oeste, donde gustaban de asesinar a los indios apaches, navajos y cherokees para despojarlos de sus tierras.

En Estados Unidos, sólo en 2019, han muerto ocho mil 759 personas por conflictos registrados en 253 tiroteos.

Trump ofreció una disculpa pública al presidente Andrés Manuel López Obrador por semejantes salvajadas que realizan los supremacistas blancos, que sólo en Texas asesinaron a 20 personas y en Ohio a nueve. Cierto es que Trump tiene responsabilidad directa al estimular campañas de odio, ira y furia en contra de los latinos, sean migrantes o no.

El canciller Marcelo Ebrard actuó con prontitud y acudió al lugar de los hechos para atender a las víctimas y a sus familiares, instruyendo a todos los consulados a que “atiendan en todo lo que sea necesario” a los connacionales, informando que solicitará, por conducto del fiscal de la República, Alejandro Gertz Manero, la extradición de los autores de estos atentados para que sean juzgados por terrorismo.

En múltiples actos, Trump ha lanzado irresponsables discursos xenofóbicos y ha definido a los migrantes como “invasores”, “violadores” y “criminales”, incitando el odio y la violencia de sus seguidores. Ahora que pretende reelegirse en la Presidencia es que está cambiando el discurso al condenar “el odio racista” del atacante de El Paso, Texas, y aseguró que todos los estadunidenses también “deben condenar el racismo y los prejuicios”, prometiendo endurecer la legislación con una ley de control de armas.

En 2018 se reunió con los sobrevivientes y familiares del tiroteo escolar en Parkland, Florida, en el que asesinaron a 17 personas, comprometiéndose a “ser fuerte en las verificaciones con antecedentes” y enfrentar a los defensores del uso de armas, pero se retractó y, una vez más, mintió.

AMLO solicitó al gobierno de Trump controlar la venta de armas “porque afecta mucho a los estadunidenses y a nosotros”, y sostuvo que “no permitirá acuerdos clandestinos que induzcan la introducción ilegal de armas a nuestro país”, recordemos el vergonzoso programa de Rápido y Furioso, con Felipe Calderón y Eduardo Medina Mora, que ingresó varios miles de armas que tanta violencia y asesinatos han provocado en México. ¿O no, mi estimado lector?

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